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8/1/14

SEXO POR METRO

 


No entraba aire por la ventana del cuarto, estaba abierta de par en par pero el ambiente estaba enviciado, como el mismo Buenos Aires en esos últimos días de diciembre, oscuro,  pegajoso y malhumorado.
Tratar de leer a la luz de la vela se convertía en una tarea harto difícil, sin embargo no podía abandonar la lectura, despatarrada en la cama y con la cabeza apoyada sobre una pila de almohadas que me aproximaban a la llama de la vela:
“…Dejé que pasaran unos minutos y volví a asomarme por la ventana para espiarla. Adele ahora estaba dándome la espalda y  se quitaba el vestido, lo levantó despacio  desde la falda y lo estiró por sobre su cabeza, la cual quedó tapada en el mismo momento en que se iban descubriendo sus nalgas redondas y rosadas, preciosas, ahí, al final de esa espalda eterna que se empequeñecía en extremo a la altura de la cintura. Tuve que hacer un esfuerzo por ahogar los suspiros que batallaban por salir de mi boca…”
De repente me desperté sobresaltada por unos gemidos que entraban por la ventana. Parecían tan cercanos que hasta tuve la excitante sensación de sentir el olor a sexo que despedían los cuerpos. Me los imaginé resbalando en su propio sudor, uno sobre el otro.
La vela se había consumido y todo era oscuridad.
Me quité del pecho el libro bajo el cual me había quedado dormida y traté de ponerme de pie para ir al cuarto de baño, tenía ganas de hacer pis. En ese momento noté que  los gemidos se detuvieron, imaginé los cuerpos fatigados extendidos inmóviles y sudorosos sobre la cama.  Ahora sólo se escuchaba el ladrido ahogado de un perro viejo y una voz de un hombre que gritaba el nombre de una mujer: “María, María…” y mientras lo repetía, la voz y sus rápidas pisadas se iban alejando por la calle.
Me puse de pie y extendí la mano buscando la pared, me apoyé sobre ella y a partir de allí me guie a ciegas hasta llegar al cuarto de baño.  Cuando logré entrar busque el inodoro al tanteo y al encontrarlo me paré frente a él, me bajé la bombacha  y me senté con los brazos colgados a ambos lados de mi cuerpo desnudo.
De inmediato me relajé escuchando el sonido del chorro de pis cayendo sobre el agua retenida al fondo del sanitario. Un tanto adormecida, me mantuve sentada esperando a que cayera la última gota, mientras tanto levanté uno y otro brazo y olí bajo mis axilas, luego llevé mi mano derecha hacía el rollo de papel higiénico, tomé el extremo que sobresalía y jalé de él hasta que mi brazo pasó de largo mi cuerpo. Respiré profundo un par de veces para paliar la falta de aire, mientras doblaba el papel y en simultaneo y de manera automática,  entre abrí las piernas y metí mi mano hasta llegar a los labios mojados, para secarlos.
El roce suave de la hoja de papel me inquietó. Abrí los dedos y dejé caer al agua el bollo humedecido, pero tan  rápido como pude, volví a repetir el movimiento de jalar del extremo del rollo y quedarme con otro trozo que  llevé otra vez por entre mis piernas abiertas hasta los labios que a esta altura se habían preñado de sangre y latían silenciosos.
El papel, como una pluma, recorría de una comisura a la otra de la resquicio vertical,  despacio y de manera esmerada provocándome colosales deseos por gemir el placer que estaba sintiendo, pero solo pude emitir el sonido de una profunda y agitada respiración, tal era el silencio de la noche, que no me animaba a romper.
Por fin apareció el espíritu irrefrenable, solté el papel y ya con la decisión de actuar hasta las últimas consecuencias, sin que nada me importara, recosté mi cuerpo sobre la tapa del inodoro, levanté las piernas abiertas, las apoyé sobre el lavabo, puse las yemas de los dedos de mi mano izquierda sobre mi clítoris y comencé a frotarlo con la maña que me inducía, sin excepciones, a una escalada de placer.
Cerré los ojos para apelar a mis empinadas fantasías  y vi un par de miradas libidinosas  que se asomaban por la ventana del cuarto mostrándose deseosas de entrar. Sin embargo ninguna de ellas se animó a interrumpir,  bastaba con que estuvieran allí, hambrientas y atentas, para que mi calor se convirtiera en sofoco y ya sin posibilidad de reprimirlo, rugiera un orgasmo.
Luego de ello mi cuerpo fue soltando la tensión, como un globo suelta el aire para desvanecerse y ser solo piel. Por unos instantes no pude moverme y quedé allí tironeada por la gravedad.
Poco a poco fui recobrando las fuerzas y me incorporé para regresar al cuarto orientándome por las paredes. Me puse de pie, oprimí el botón del sanitario, escuché el sonido del agua agolparse por las paredes del inodoro y salí a tientas y despacio hasta llegar a la cama.
Me tiré, me acomodé de costado, puse una de mis manos bajo mi cara y  aun cuando por la ventana, que continuaba abierta de par en par, no entraba más que calor y un murmullo lejano de alguien que parecía disgustado, me venció el sueño y me dormí.
 
 
 

 

3/12/13

LA CULPA ES DEL CHANCHO

 


Estoy borracha, bueno eso creo.

Si bien metí de manera correcta la llave en la cerradura, y no en cualquier cerradura, sino justamente en la de mi departamento, aún estoy bajo los efectos de una noche de excesos.

Entro y cierro la puerta con un golpe fuerte tras el cual también se va mi cuerpo tironeado por la inercia. Me incorporo con esfuerzo y me centro en mis pies, uno para adelante, después otro y así despacito, de a uno, me digo. Ahora estoy en el living, veo que hay objetos que no están en su lugar, que se van corriendo de un sitio a otro. Me causa gracia, me desconcentro de las pisadas y me detengo. Es una sensación extraña sentir que todo gira, y que cuando extiendo una mano para detener alguno de los objetos que se caen delante de mi nariz al piso, nunca llego a tiempo y todo se hace añicos, salvo, los que a escasos milímetros del piso cambian de dirección y vuelven a sus lugares, intactos. Son los menos, claro. El piso parece un campo minado y apenas puedo moverme, tengo miedo de pisar algo y que  explote.

No hay dudas, estoy muy borracha, ya que en este preciso momento se me están cayendo algunas lágrimas, y sin embargo estoy tentada de risa. Creo que tengo una tristeza contenta o, o podría ser un alegre desánimo, no sé muy bien.

Ahora me han dado ganas de vomitar, si, muchas ganas. Estoy mareada. Cierro la boca fuerte y me la tapo con las manos para detener la corriente ácida que sube desde el estómago hasta la garganta quemándome por dentro. Frunzo el ceño y la vuelvo a tragar, y cuando menos lo espero un torrente agrio y putrefacto se hace presente en mi boca y ejerce la presión necesaria para ser  expulsado como una catarata hacia el piso.  Mi cuerpo se arquea y vuelve como un latigazo. Algo caliente salpica mis piernas.  Siento asco, el olor penetrante me provoca arcadas y sigo escupiendo lo poco digno que queda de mí.

Trato de permanecer inmóvil, de pensar que hacer, pero ni siquiera sé cómo hacerlo, pensar digo, no sé por dónde empezar, si pensando o haciendo. Estoy cansada y tengo miedo de caerme sobre mi propia inmundicia.

De pronto me acuerdo del policía que me subió al taxi y me mandó a casa luego de pedirme la dirección. Golpeó la chapa del techo para indicarle al conductor que arranque y lo perdí de vista mientras el auto se alejaba. Me había preguntado si contaba con alguien que me ayudara y yo le dije  que sólo contaba conmigo, pensé que eso lo haría apiadarse de mí, pero habrá pensado que subirme al auto y mandarme a casa era suficiente pago para la mediocre chupada que le di, pero es que si por lo menos se la hubiera lavado me hubiera ahorrado semejante vomitada.

¡Sucio! ¡Asqueroso!
Y me caí.



Este cuento se lo dedico a Humberto Dib porque me ayudó a rescatar la esencia de un relato viejo  que quedó así,  y porque además es un  brillante administrador de ideas, para el todas  valen y se transforman si uno se anima a jugar con ella.
 
 

20/11/13

ATAQUE MASIVO 2da. edición

 


Apenas veo, por las hendijas de la persiana y por la ínfima abertura de mis parpados, el gris del cielo. Apenas un filoso hilo de frío me roza la piel arrebato las sabanas y me cubro. Voy abriendo los ojos bajo la tela, descubro una distancia eterna entre la punta de mi nariz y los dedos de mis pies.

Aquí abajo también amanece por más que no quiero. Abro los ojos, amodorrada, todo es gris también aquí. Huelo el calor de mi cuerpo encerrado entre mis brazos y respiro profundo, me lleno de aire  y de pronto siento que comienzo a flotar, que me elevo hacia  el techo, estoy arañando el cielo raso… hay música del otro lado.

Apoyo mi oreja en su suelo, un suspiro largo, me excito, me gusta lo que escucho, lo que siento, me erotiza. Mi pecho se pega contra su piso, y él me siente, se tira al suelo, me percibe, me busca arrastrándose como un animal en celo, me huele, callado, tiembla y yo siento su miedo, latimos fuerte, jadea y lo sigo, camino en cuatro patas por mi cielo, siguiéndolo, me deslizo por la pared, pegada a su cuerpo, agudizo mi olfato y sigo su huella, su olor, blanco, espeso, de pronto lo pierdo, me desespero, mi cabeza gira atenta hacia todos lados y otra vez lo encuentro. Jadea, se mueve despacio, lo sigo por líneas, por vértices, por ángulos y llego al piso. Está ahí, detrás de la pared, puedo dibujar su silueta con mi lengua, sus manos atraviesan el muro, se meten en todos mis labios y con la violencia justa me arranca de mi encierro y me lleva, me dejo llevar al espacio que se abre entre sus piernas... hasta que amanezca y apenas un filoso hilo de frío me roce la piel, vuelva a cubrir mi cuerpo cansado, y sólo me quede de él un jarabe escurridizo entre mis piernas.



Dedicado a Ato, porque alguna vez lo guardó en su arcón de relatos preferidos. Espero que esta edición más cuidada te guste un poco más. Abrazo grande, muy grande.


 

27/10/13

MENTOLMENTE

 


Comer pastillas de mentol sin azúcar. Tener un paquete siempre en el bolsillo. Olvidarlo a riesgo de un desbande de comida. Calmar la ansiedad, la voracidad, justo en ese momento en el que se  desea encender un cigarrillo para evitar una comilona. Pensar, en el preciso instante de desenvolver una pastilla y llevarla a la boca,  que ese instante fatídico pasa. Pensar que todo pasa, y repetirlo tantas veces hasta la distracción, entonces, comprender que el momento ya pasó.
Desdramatizarlo.
Hasta que el deseo vuelve a aparecer en el momento menos esperado. Y esta vez la voluntad al servicio del desquicio mental y entonces respirar, respirar y respirar, buscar una pastilla de mentol sin azúcar, llevarla a la boca y pensar que todo va a pasar, y por fin pasa.
Desdramatizar otra vez.
Y otra vez ajustarse cuando el apetito voraz avanza, lento pero firme. Y desear una bocanada de humo para ahuyentarlo y no tener más que un paquete de pastillas para comer y para aspirar, para pasar esos segundos funestos. Y por fin, pasan.
Desdramatizar una, cinco, diez…
Hasta que el cuerpo pide sexo, con la misma desesperación que pide grasa o humo. Pagar por sexo, como si fuera el remedio cuando nada logra hacer descender esa presión que lleva a romperse por dentro. Esperar. Consumar. Pagar. Dormir. Despertar.
Desdramatizar, sesenta y tres veces más…
Y cada vez resistir.
Y volver a comer pastillas de mentol sin azúcar.

 

12/10/13

EL TREN


-No se asuste, yo la voy a tratar bien... no haga pucheros, ¿quiere? Sepa, mujer, que yo no hago esto todos los días, ¿eh?, pero a la final, acá estamos usted y yo, sentados frente a frente… Derechita, apóyese bien contra el respaldo del asiento, ¿quiere?... Mire, tenemos todo el tren para nosotros, el vagón desierto, hasta el guarda nos dio vía libre…ja ja, vía libre, eso es… vamos a poder elegir a dónde queremos viajar… ¿A dónde quiere ir usted?... No la escucho… ¿Qué?... Más fuerte y ¡sin llorisquear!... ¿a San Fernando, dice?...no, no, vamos a ir más lejos, iremos a Gobernador Garmendia… ¿A qué no sabe por dónde queda?... Queda en Tucumán, de donde yo vine hace una pila de años… ¿Siente?, el tren ya está en marcha… Mire qué linda se ve la ciudad iluminada desde la ventanilla… y a usted… las luces le adornan la cara y se pone re linda, así, llena de luces. ¿Sabe?, de noche tiene la piel más blanca, parece un relámpago cuando lo alumbra todo... y me imagino que sus tetas deben ser como dos pompones de algodón que caben en mis manos…uf… Mire, mire mis puños cómo se cierran, se ponen rojos de tanto apretar… Están como amotinados para no irse a tocarla… porque, ¿sabe que mis manos se mueren por investigarla? Si yo fuera mis manos, empezaría por tocarle los pies… son tan chiquitos que hasta deben caber en mi palma… mire sus uñas…  tiene una perla en cada dedo, parece un collar… ¿Sabe qué me gustaría?, ir con mi mano desde sus pies hasta las rodillas y que usted abriera un poquito las piernas para que yo le meta mi mano en ese pasillo oscuro hasta llegar a tocarle la bombacha… ¿De qué color es su bombacha?... ¿Verde?... Me hace reír. No me gusta una bombacha de ese color… saqueselá, ¿quiere? Le debe quedar muy fea… ¿Se la saca usted o se la saco yo?... ¡No llore! Ve, si me deseara un poco la estaría pasando mejor… Muy bien, se la saco… ¡Ah! Ja, ja… Veo que entendió rapidito… Muy bien, se la va a sacar solita y yo miro…uf… Qué lindas piernas… Me imagino su culo, ahí, donde nunca le da el sol… uf… Vamos de a poco, total tenemos un largo viaje hasta llegar a Gobernador Garmendia…  Pero deje de temblar, ¿quiere?... ¡Ay dios y la virgen santa!... ¡Es más linda usted! Sus piernas parecen dos chorros de leche cayendo desde lo alto de su trasero…  Pero me hace enojar, tiene un gesto de mierda en la cara, de asco, así es como las minas como usted me miran siempre, me hacen sentir una basura, y yo no soy eso, ¿sabe?... yo sé leer, escribir, terminé toda la secundaria; yo no estoy enfermo, no fumo, no tomo, trabajo, y todos los días antes de irme a dormir, leo un libro de poesías que me regaló una novia que tuve… Ella tenía la piel suave… ¿A ver la suya?... ¡Baje la cabeza! ¿Tiene miedo de que la toque? Acostúmbrese, y  cuando yo la toque, usted mira al piso… ¿A ver cómo lo hace?... Bien, y sin llorar, tráguese esos mocos… uf… Usted me hace poner un poco furioso… A ver... Sí, es suave, re suave, tanto… Mire, se me pone la piel de pollo... uf… ¿Sabe?, cuando yo le tocaba la bombacha a mi novia, ella se hacía pis encima, se mojaba toda… ¡Uy! … Sienta, ya  tomamos velocidad… Cambie esa cara, ¿quiere?... Y ya no me mire como a perro con sarna, no me acostumbro a ese trato de mierda que me dan las minas como usted… Y por más que el Raúl diga mil veces que somos de mundos distintos, ustedes y nosotros, que no nos mezclamos ni en los sueños, yo voy a cumplir el mío… Ya, ya… Muy bien, deme esa bombacha, ahora es mía, es mi primer premio… ¿Sabe?, se la voy a llevar a mi hermano, este es un calzón fino, y cuando se lo muestre, me va a creer que a la final me cumplí el sueño…  ¿Sabe cuál era el de él? Manejar uno de esos autos caros que se ven en la calle, de esos que no hacen ruido y que cuando los mirás, zas…, desaparecieron en el mismo momento de tan fuerte que andan… Él sabía que nunca se iba a poder comprar uno, entonces, agarró, eligió el que más le gustaba y se lo afanó. Anduvo en auto toda la noche, muchas horas, hasta que se le terminó la nafta… Él decía que después de eso se podía morir tranquilo, porque ¿para qué mierda va a vivir uno, si mientras está acá en la tierra no cumple sus sueños?… ¿Para qué?... Y tiene razón, semejante vida de mierda que nos toca a algunos… Mi hermano está preso ahora, yo le digo que se joda porque cuando terminó con su sueño, se tendría que haber recatado, y no, le agarró el gustito y lo pescaron… Está jodido ahora,  pero bue… Yo siempre soñé distinto, soñé que iba a viajar en tren con una mujer de pelo claro y piel muy blanca y lisa, así como es usted, pero me iba a buscar la mejor de todas, porque yo no voy a hacer eso de enviciarme, yo me mando una, la mejor de todas, y me retiro… Y usted es la mejor de todas, si cuando me acerco a su cuello… ¡Ey, no sea bruta, quiere! No se espante, apóyese en el asiento que sólo me voy a acercar a su cuello para verle las venas que corren debajo de esa piel trasparente que tiene… Yo sueño que usted está enamorada de mí…, y que le dan ganas de que yo la toquetee toda y la bese y le haga el amor… Estoy seguro de que a usted le gustaría que yo le haga mojar las bombachas finas que usa… ¡Vamos, no llore!, me pone nervioso… Este es mi sueño y no la voy a dejar que me lo estropee. ¡No me haga gritarle! Después que termine, si quiere agarre el chumbo y me pega un tiro, total, ya está… Además yo no voy a ir preso… ¿Sabe?, todos los días, cuando viajo en el tren, temprano, para ir a trabajar, a limpiarles las oficinas a las finolis como usted, y las veo todas  limpitas, con ricos perfumes, con los pelos que brillan, con la ropita prolija… finas, como en los dibujitos de las revistas… Yo me pregunto por qué no puedo pegarme un buen revolcón con una como usted… ¿Me explico?... ¡Ah, qué bueno!… Mucho sexo, un polvo magistral de ésos que uno no se olvida en los años de los años… ¿Por qué no?... Además este sueño es mío, no es como el de mi hermano, es más legal, más permitido, ¿vio? Porque se trata de robarme un poco de amor, nada más que eso, y eso no se le niega a nadie, ¿entiende?... Yo no soy una cucaracha… Yo soy un hombre… Yo ando cerca suyo, la veo pasar aunque usted no me vea, le tengo ganas… Yo  vivo… Eso es, respiro, hablo…, aunque usted no se entere, y ¿sabe? Yo, antes de morirme, aunque sea en este sueño, voy a existir y  se lo voy a hacer sentir…

17/8/13

El beso de Federico

 

 


Desde el mismo momento en que amanecí  para ir a trabajar desee que fuera de noche para estar de regreso en casa y quedarme allí como en un refugio seguro.  Ese fue mi plan para aquel día, volver cuanto antes.
Sin embargo cuando la tarde se iba guardando debajo de cada abrigo de los transeúntes me encontré caminando en la dirección contraria a mi casa.  Iba con paso rápido, apurado, como si corriera a hacer un trámite.
Al llegar a mi destino apoyé el dedo índice sobre el timbre y lo mantuve oprimido más de lo necesario, seguía siendo otro intento más de aferrarme a aquel plan y no arrepentirme. Me había convencido de que lo mejor para terminar el día era ir a ver a Elena para luego volver a casa cansado sin más ánimo que para dormirme.  
Esa tarde me sentía irritado, aun así me concentré  en  Elena y su figura desnuda y logré   excitarme antes de subir a su departamento. Aun trataba de hacerlo cuando  me sobresalté ante el  sonido de la chicharra de la puerta dándome  permiso para entrar. Subí dos pisos por escalera y corrí  hasta la última puerta en el extremo del pasillo.
Cuando estuve dentro del departamento, cerré la puerta tras mis espaldas y vi  que Elena estaba parada frente a mí con su mirada lánguida y paciente. Era una hermosa puta,  discreta y de pocas palabras. La había conocido hacía cuatro años y desde hacía  dos, era la suya la única boca a la que le entregaba mi entrepierna. Había entre ambos una sinergia especial y nuestros encuentros eran protocolares, empezaban, transcurrían y terminaban siempre de la misma manera.
Yo llegaba a su departamento medianamente excitado, con relativa urgencia, pero seguro de que al verla desnuda ante mí, con el pelo recogido y los labios pintados de rojo furioso,  se brincaría mi bragueta.
Ella  me esperaba  parada frente a la puerta de manera que cuando yo entrara fuera lo primero que viera. Acto seguido se arrodillaría a mis pies y me soltaría el cinturón y el cierre para descomprimir y aliviarme. Me daba unos segundos para que yo pudiera acariciar mi erección y luego ella  la aseguraba entre sus labios y la lengua hasta llevarme a la más profunda y ciega inconciencia.
Algunas veces la miraba bambolear el trasero mientras se movía rítmicamente yendo y viniendo hacia mí, pero invariablemente terminaba con los ojos cerrados y el rostro de cara al techo, casi en un gesto liberador y agradecido.
Me vaciaba en su cara y terminaba de disfrutar al ver su gesto angelical recibiéndome.
Luego ella se ponía de pie e iba al baño a limpiarse y a buscar un paño húmedo para limpiarme con la ternura más inspiradora que alguna vez sentí, me hacía caer sobre el sillón de la salita en la que nos recibía a sus clientes y con toda la dedicación me limpiaba el rouge que me había dejado con aspecto ensangrentado luego de sus besos y sus lamidas… y me hacía sentir que sólo ella podía curar mis heridas.
Mientras ella me limpiaba yo  alternaba con mi mirada entre su imagen  tendida  amorosamente sobre mis rodillas, que solían continuar temblando por un buen rato, y la caja de cuero azul que estaba sobre mesa de arrime donde antes de irme dejaría mi paga por todo el amor recibido…ella no sabe, porque nunca se lo dije, que en más de una ocasión  le hubiera dejado mi vida toda en esa caja, cada vez que en su boca yo encontraba un poco de paz, que aunque durara poco últimamente, me daba descanso y esperanza.
Pero aquel día no fue como siempre, ella estaba como sabía que debía estar cuando yo abriera la puerta, pero yo llegaba distinto,  algo alterado, con una inquietud que me agitaba por dentro y me ponía ante la posibilidad de estallar en cualquier momento. No la dejé arrodillarse, la tomé por debajo de los brazos y la puse de pie frente a mí de manera  que su boca esté cerca de la mía y pudiera además  mirarla a los ojos. Lo primero que noté en ella, en su cara y en los músculos de su cuerpo, fue una cierta tensión producto de la sorpresa, su mirada de extrañeza lejos de apaciguarme, me sobre excitó  y me vi tentado a probarle los labios y a sentir el gusto de su lengua. Comencé a besarla, iba poniéndome más loco a cada segundo pero sabía que no estaba enloqueciendo por ella,  sino que de alguna manera estábamos teniendo una despedida y que la estaba homenajeando con una erección que se merecía pero que no le pertenecía.
Mientras la apretujaba con fuerza contra mi cuerpo recorrimos la habitación con pasos torpes, en círculos, a tropezones contra los muebles y las puertas y mientras yo la apretaba con violencia me arrancó la camisa con una certeza impecable. De pronto tuve su mano tibia sobre mi espalda y  después de tanto tiempo volví a sentir la sensación de una caricia. Fue tan agradable que me noté desesperado por intentar retener ese momento de tan fuerte impacto. Esa sensación  ha quedado guardada en mi memoria sensitiva como un parámetro a veces imposible de volver a alcanzar.
La mano temblorosa de Elena  recorrió cada centímetro de mi piel, parecía saber también ella,  que ya no me volvería a tocar. De pronto nos encontramos en el baño y con una pericia más propia de su deseo que de las destrezas adquiridas por su trabajo, me quitó el pantalón y me dejó desnudo aun sin dejar de besarme.  Un ímpetu irrefrenable hizo que la arrancara de mí y la pusiera de espaldas sobre el mármol helado de la mesada del baño. La tomé por la cintura y la acomodé a la par de mi entrepierna, cuando la tuve a mi altura, sin pensarlo y exigido por un terrible deseo le abrí las nalgas y la penetré sin cuidado. Su gemido de dolor me invadió los oídos, nunca la había escuchado gritar y no me gustó. Eso aumentó mi ímpetu por cogerla y lo hice violentamente. A  diferencia de lo que hubiera supuesto, ella parecía gozar con el dolor que yo necesitaba infligirle.
Creo que en realidad necesitaba sentirme poderoso, y en aquella situación con Elena me sentí así, enérgico y lleno de valor.
Fue una embestida ajena de sentimientos, puramente instintiva por parte de ambos.  Elena  se dejaba mover a mi antojo como si fuera un objeto de mi pertenencia y disfrutaba con ello, pude notarlo, y como un animal empujé  frenéticamente dentro de ella para vaciarme, cuando lo logré cerré los ojos y llevé la cara hacia el techo para largar el aire que venía conteniendo, liberarme y  agradecer por aquella sensación de placer. Luego bajé la cabeza lentamente para buscar la espalda de Elena que continuaba tendida sobre el mármol, y en el trayecto encontré mi imagen frente al espejo, tenía la boca pintados de rojo intenso con el labial que Elena se lucia para esperarme. Parecía como si unas garras me hubieran lastimado la cara, como si alguien hubiera querido arrancarme la piel. Me quedé mirándome inmóvil, extrañado por mi imagen, sorprendido y paulatinamente resignado. Por fin baje las defensas, dejé caer los brazos a los costados de mi cuerpo y di un paso hacia atrás abandonando definitivamente el cuerpo de una mujer.
Luego de haber sentido tanto valor me encontré allí observando, con tristeza y lleno de miedo, la patética imagen de mi infelicidad. Volví a lamentarme por no haberme podido enamorar de aquella puta maravillosa, me vestí rápido, vacié toda mi billetera en la caja azul de la sala y me fui.
Por fin llegue a mi casa, me tiré en la cama y  lloré hasta agotarme y quedarme dormido.
Los días subsiguientes comenzaron a ser distintos, dejé de pelearme conmigo mismo y comencé a hacerlo con los prejuicios de los demás, pero claro que los entendía, si en definitiva yo mismo había sido un prejuicioso y el primer verdugo al juzgarme por mi homosexualidad.
Ahora puedo decirlo y he notado que  más de uno a quien le corroboro las sospechas que tenían, quedan perplejos, mudos, como prefiriendo que no se los hubiera dicho.
Es que la verdad muchas veces nos incomoda al punto de seguir eligiendo las mentiras.


Ahora por favor siga siendo tan respetuoso como lo fue mientras me leía y si lo desea deje su comentario en el mismo tono.
Gracias por haber llegado hasta aquí.

Federico

14/3/12

TUCA



Entró volando por la ventana un dulzón olor a porro.
Como un censor infalible mis cableritos mas agudos se prendieron a esa nube traslucida y como si fuera perdiendo volumen y me fuera transformando en una rastro liviano, me dejé llevar y salí volando.
La nube tomó rumbos desconocidos, se daba el lujo de viajar sin brújula y ese no era un tema de preocupación, ni siquiera era tenido en cuenta.
Entonces creí, entre oleadas de bruma, que  estaba segura, que aunque perdida, podría llegar a buen puerto. El comandante era un navegante seguro.
Perdí el reloj, se desprendieron las agujas y los mismísimos minutos saltaron a lo lejos. Me pareció verlos caer sobre un techo, cerca de donde había un búho que escudriñó perplejo el sonido del segundero. Me alegré al ver que el  animal se fuera, así sin más, dejando el tiempo de lado.
Se me cayeron los zapatos, los dos juntos, ya no quedaba nada de mis pies, parecía que ya no los necesitaba. ¿Para qué? , me pregunté, si así de repente me habían crecido alas.
Podía ver todo desde arriba, tener una mirada entera de la espesura de la selva y del fin del río a orillas del cemento. Todo parecía quieto salvo un sin fin de gusano de luz, apurados, agolpándose para salir e irse…tal vez al cielo.
¿Por qué sonaban allá abajo las sirenas?.
Alguien desde algún lugar lejano nos gritó que nos fuéramos, entonces subimos más, y  en las alturas perdí la cinta roja que anudaba mi pelo. Cayó ondulante en medio de la oscuridad.
Y después perdí las lágrimas, pero también los suspiros, y me fui poniendo dura y hasta  la risa se me hizo añicos.
Y como si viajara con un desconocido, me apareció el miedo y hasta sentí frío.
La luna parecía tan helada desde tan cerca…
Y comencé a desear el regreso, y lo hice a solas. Ahora  me molestaba el pelo en la cara y el paso ciego del tiempo.  Y el cielo era tan infinito que parecía que me desarmaba convirtiéndome en un montón de estrellas sueltas en el espacio, como si mi piel se hubiera abierto para que me deshaga.
Pero yo nunca había querido romperme y entonces en ese momento volví a escuchar las sirenas y esperé a que me salvaran.

Cerré el cuaderno y lo guardé en el cajón de la mesa. Con nostalgia me quedé mirando  la luna por la ventana.


2/3/12

SAPOS Y LUNAS




Espacio natural, playa, palmeras, mar. Dos pequeños ranchos separados entre sí por unos cien metros.
Cielo muy celeste y el sol en el cenit de la escena.

1er día.
"A" abre la puerta de su rancho.
"B" escucha a lo lejos el chillido de una puerta y se asoma. No ve nada.
"A" mira, respira el aire en el exterior, ve el rancho vecino a lo lejos. Se sorprende. Le gusta, pero momentos después ya no ve nada y vuelve a encerrarse.
Luna Negra.

2do día, por la mañana.
"A" vuelve a abrir la puerta, mira, respira profundo y siente una voz que le sale de adentro. Grita.
"B" escucha, se asoma y ve.
El día se va haciendo noche, "A" y "B" permanecen sentados en la puerta de cada rancho, tomando distintos tintes según les pega el sol.
Luna Nueva.
Se observan de lejos. Les agrada lo que ven. Siempre en silencio pero sin perderse de vista.

3er día.
"A" y "B" mantienen una charla amistosa. Cada uno se acerca un paso hacia el otro. Se sienten cómodos.
Luna Cuarto Creciente.
Media naranja.

4to, 5yo, 6to día
Un paso mas cerca cada día.
Risas, halagos mutuos.
Ganas. Cosquilleos, mariposas, bichitos de luz y hasta sapos con coronas.

7mo día.
Dan todos los pasos necesarios para el abrazo en la mitad del camino.
Se abrazan, se tocan, se miran,  saben que se conocen. Se vuelven a abrazar.
Luna Llena. Plenilunio.
Se miran, se ven.
Se quedan dormidos enredados, brazos y piernas.

8vo día.
Cielo muy celeste y el sol en el cenit de la escena.
Solo se ven los dos ranchos cerrados.  "A" está  arreglando sus ropas frente a un espejo. "B" está haciendo mismo en su rancho.
Luna Cuarto Menguante.
Se miran cada uno desde su ventana hasta dejarse uno a otro sin ropas.
Descubren las cosas propias y ajenas que no les gustan.
Y el sapo es sapo.

9no día.
El sol lastima a la vista.
Se encuentran frente a frente en el centro del camino, se miran, se reconocen en el otro, todo queda expuesto, sienten miedo y ambos corren cada uno hacia su rancho. Cierran la puerta, la ventana. Silencio.
Luna Negra.
Desconfianza, soledad.

El décimo día amanece entre nubarrones.





La foto es de Ricardo Fasseri

12/3/10

EL ESCRITOR Y LA MAGA: Camino de arena.

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-Escena 1- Int.- Ómnibus larga distancia- Día
La Maga, acurrucada en un asiento del micro con la cabeza apoyada en la ventanilla, mirando hacia afuera. Tiene anteojos negros y auriculares. Ve que arriban a la terminal de ómnibus. Con movimientos lentos, se seca con sus manos las lágrimas que le caen sobre las mejillas, luego se calza la mochila en la espalda. El resto de los pasajeros se aprontan para descender. Ella baja última.

Escena 2- Ext.- Terminal de ómnibus- Día
Se ven los pies de La Maga sobre el cemento, quietos. Comienza a caminar despacio. Al lado, pasos mas rápidos de otras pocas personas. Van quedando solo los suyos que continúan hasta una calle de arena. Se detiene. Se levanta hacia la cabeza los anteojos de sol y ve a lo lejos el mar que está más azul que el mismo cielo. Sigue caminando unos metros y vuelve a detenerse para sacarse una campera liviana que lleva puesta. El sol pega fuerte.

Escena 3- Int.- Casa de Justine– Día
Justine está asomada a una ventana. Mira el camino de arena, se distrae con el movimiento de las ramas del pinar que rodea la casa. Vuelve a mirar el camino y ve a La Maga que se acerca despacio. Gira, corre hacia la puerta de entrada y la abre.

Escena 4- Ext.- Camino de arena- Día
Justine espera a La Maga a pocos metros de la casa. Ambas se ven a lo lejos y se sonríen. Al encontrarse se dan un abrazo fuerte y largo. Las manos de La Maga se clavan en la espalda de Justine quien se aleja un poco, y mirándola a los ojos, le quita los auriculares de los oídos.

---------------------------JUSTINE----------------------Bienvenida Maga
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10/3/10

Y Lo Cuento Por Última vez, si?


Cata Reyes cuenta el episodio por décima quinta vez. La peluca rojiza, llena de espesos rulos, se ve corrida sobre su cabeza. Se la ve palida y agotada. Asiente resignada ante la mirada inquisidora de los periodistas y comienza nuevamente el relato. Antes se rasca la cabeza, una vez más, con claro fastidio.

-El cuarto 37 es chico-dice- cuando entré, la luz del velador amurado a la pared, al lado de la cama, estaba prendida.

Se detiene, toma aire como dándose aliento y prosigue:

- El lugar olía mal, había como un aire raro, pregunté si había alguien y nadie contestó. Tranquila metí el carro de la limpieza, lo arrastré con fuerza por sobre la alfombra roja, y como siempre hago, insulté al pasajero por el desorden que había dejado. Las sabanas revueltas, eso obvio-aclara- pero arriba de ellas había dos bolsos abiertos y toda la ropa que se había sacado, chaqueta, pantalón y camisa. La almohada estaba doblada como si el tipo hubiera estado echado, mirando el techo o la tele, que estaba prendida en uno de esos canales pornográficos; o leyendo la biblia que encontré tirada a un costado de la cama. Yo venía cansada de limpiar las habitaciones de los otros pisos, a si que me senté un ratito en uno de los silloncitos que hay en los cuartos, pero la verdad me dieron un poco de asco las mujeres de la tele y me paré a apagarlo. De ahí me fui derechito al baño a juntar las toallas.

Cata se rasca otra vez la cabeza, hace un breve silencio, toma aire otra vez y sigue el relato, atajándose con las manos, de los micrófonos que temía se le metieran en la boca.

- Ahí, sentado en el piso, apoyado sobre los azulejos fríos, lo encontré a ese tipo, con la cabeza ladeada hacia un hombro, sin quitarme la vista de encima mientras un hilo de sangre le caía de la comisura de la boca sobre su cuerpo gordo y desnudo. Después no me acuerdo mas, solamente me desmayé, creo que lo que si atiné a hacer, fue a tirarme sobre la alfombra del cuarto, evitando morir del susto encima de ese asqueroso muerto.




Lugar del hecho, habitación 37 del "Gran Hotel Esperanza"

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21/2/10

Perreti Paga


Iris Vega, fue internada de urgencia un domingo cualquiera del año pasado.

Bien dicen, que quienes están próximos a irse de este mundo, lo saben, y que anda cerca de ellos un ángel negro ocupándose de que “el señalado” haga todo lo posible por viajar al cielo y no al infierno, lugar al cual no le gusta ir a ningún ángel acompañando al occiso, que demás está decir, viaja a regañadientes y literalmente muerto de miedo.
En estas cuestiones estaba el ángel, tratando de convencer a Iris de que se confiese. Y lo logró, en pos de su propio beneficio, sin considerar que el futuro viudo dejaría de sufrir por tal, para sufrir por cornudo y actuar en consecuencia.

- Rafael-dijo Iris con la voz apenas audible- necesito decirte algo… no te fui fiel…
Rafael buscó una silla y dejó caer su cuerpo sobre ella.
- El que acaba de irse…- balbuceó Iris
- ¿Tu jefe?
- Sí… y…sufre tanto como vos…
Rafael la miró sin emitir palabra a la espera de que siga hablando.
-Fue cuando renunciaste a tu empleo, hace cinco años…cuando decidiste que no era digno para vos seguir siendo un vendedor de electrodomésticos- Iris tomó aire y continuó-… cuando después de renunciar, cualquier trabajo te parecía indigno y te quedaste esperando que surja algo acorde con tus expectativas… cosa que nunca sucedió.
-Lo hablamos Iris, fueron largas charlas… me sentía humillado, lo único que me ofrecían era atender una verdulería o hacer de gestor de una manga de vagos.
-Lo se y entonces mi trabajo era lo único que teníamos… en ese momento cambiaron al gerente y cuando llegó Perreti comenzó todo.
-Ese hijo de puta con cara de hambre?...
- Si, del cual comiste vos todo este tiempo…yo ascendí en mi trabajo- continuó ella- y así terminamos de pagar la hipoteca de la casa, y pudimos cambiar el auto que heredaste de tu padre, tener una buena obra social, y salir de vacaciones cada año. Mantener a mi madre y a la tuya… mientras vos te dedicabas a tocar el saxo… decías que era lo único que te mantenía tranquilo mientras esperabas el trabajo de tu vida. Decías que me admirabas, y me comprabas regalos con el dinero que yo traía a la casa… ¿Te acordás?

A partir de ese día, Perreti visitaba a Iris por las mañanas y Rafael por las tardes. Se lo veía sosegado y había aceptado ese régimen de visitas como la última voluntad de su mujer.
A la compañera del cuarto, no dejó de llamarle la atención con el afecto que Rafael seguía tratando a su mujer.
Iris se fue desmejorando y entre estados de inconsciencia y vigilia, le contestaba a su esposo todo lo que él le preguntaba.
Murió una mañana, en manos de Perreti. Se fue yendo despacio sin siquiera dar batalla.

“Yo me había encariñado con Iris, me daba pena ver como se iba dejando morir- Contaba apesadumbrada la mujer de la cama contigua- Días después de salir de la clínica le pedí a mi marido que me llevara a ver a Rafael, a él también le había tomado afecto, el tipo me daba charla cuando se quedaba por las noche y ninguno de los dos podíamos dormir. Quería darle mí pésame, me resultaba un pobre hombre, que encima de viudo, con cuernos.”

La expresión de Rafael al ver a la mujer en la puerta de su casa fue de sorpresa. La hizo pasar luego que ella se le tirara encima en un abrazo y le diera su pésame.

El saxo sobre la mesa… en la misma sirvió dos jarros de café.

-Aun sigo pensando que no es digno tomar cualquier trabajo y que lo que Iris hizo por ambos, por esta casa y nuestra vida, no pudo ser en vano… Perreti sigue pagándome el sueldo que le correspondía a mi esposa. Coincidió conmigo que eso le resultaría mucho más económico que enfrentar un juicio de divorcio por adulterio, si su mujer se enteraba.

“Pero era un vago el hijo de una mala madre-siguió contando la mujer- y no me pareció bien guardarme este secreto. Mi angel de la guarda dice que deje las malas cosas en la tierra si es que quiero ir al cielo”

La mujer de Perreti escuchó atenta y cuando estuvo tranquila le preguntó cuanto tiempo le quedaba de vida. Calculó de inmediato que si el juicio se demoraba, la mujer no podría declarar.
-Nos vemos pronto- dijo poniéndose de pie- tome el dinero, es mucho mas de lo que cuesta un funeral- le dijo entregándole un fajo de billetes.
- No será mucho?- Preguntó la mujer mientras sostenía en su mano mas dinero del que había ganado en su vida. - Mi marido agradecido, el pobre anda sin trabajo, vió?
- Quedese tranquila, Perreti paga.
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19/2/10

La Ruedita del Ratón.


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Mi mamá sabe que escribo desde siempre. Lo que nunca supo es que cosas escribo.
Siempre le faltó “tiempo” o “ganas” o “interés”. Lo que sea, pero le faltó.
Me faltó.
Poner la mesa a la hora de la cena, o la cena misma, siempre era más importante.
Pero no para mí.
Y así, escribí a escondidas durante mucho tiempo, por que no era importante.
Para ella.

Me senté a su lado y le indiqué como manejar el “Mouse” de la computadora para que pudiera leer algo del blog. Me sorprendió y me alegró que quisiera hacerlo.
Le dije que imaginara que la pantalla era como un rodillo que iba girando en la medida que ella movía la ruedita del ratón. Le resultó grafica la explicación.

“No entiendo” me dijo después de leer un par de entradas “Está muy lindo, pero no se lo que querés decir”


Así fue siempre, nunca me fue fácil decirle lo que le quería decir.

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17/2/10

MANDALA

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Me quité el cinturón de seguridad, abrí la puerta del vehiculo detenido ante el semáforo en rojo y grité “Chau”. Con el mismo impulso con que volví a cerrar la puerta, dí el primer paso apurado, y al girar la mirada hacía la derecha, ví un auto que se dirigía hacia mí.
De pronto dejé de verlo.
Sentí un espantoso ruido a roto, un terrible calor y luego nada.

Ahora comienzo a sentir.
El único límite palpable, es la piel desde adentro. Está cerrada, rugosa y húmeda. Escucho a lo lejos mis latidos acelerados, como si estuviera sumergida bajo el agua. De la misma manera veo algo, empañado, sin nitidez.

Me empieza a faltar el aire, con esfuerzo intento inspirar. Empujo. Una palmada que me sacude y escucho mi llanto. Alguien me tiende desde mis piernas cabeza abajo.

Ahora puedo respirar, pero tengo frío.
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16/2/10

EL PEOR ADVERSARIO

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Ella volvió a desoírse, a hacer caso omiso a ese pensamiento subliminal que orillaba en su mente desde temprano.

No podía discernir con claridad aquella media lengua que se le expresaba insistente, mientras planeaba la estrategia para defender el proyecto de trabajo de la empresa.

No creía en ese proyecto, varios detalles no estaban siendo tenidos en cuenta o groseramente dejados de lado, pero ya no había tiempo para seguir haciendo retoques sobre el mismo, faltaba media hora para la exposición y era inamovible.

Y así es, que cuando no había transcurrido más de veinte minutos de su defensa, los cuestionamientos del auditorio la pusieron en aprietos… ya era tarde, sintió que no estaba colmando las expectativas y que sus dudas eran las mismas que iba trasmitiéndole a los presentes.

El proyecto no fue aprobado.

La echaron de su trabajo por no haber sabido defender el proyecto a pesar de las falencias.

-Hay estrategias de distracción que te hubiera permitido salir airosa- Le dijeron.

Y allí, tal vez demasiado tarde, pudo oírse y entender las señales que emanaron de su más sabio interior, cuando preparaba la presentación.



“En el arte del Tai Chi Chuan el primer principio es el de distinguir el lleno del vacío. Si todo el cuerpo se apoya sobre la pierna derecha se dice que está llena y la izquierda vacía y viceversa. Los movimientos giratorios no se realizan con ligereza, con agilidad y sin esfuerzo si no se sabe distinguir entre lleno y vacio; los desplazamientos se hacen pesados y torpes, el cuerpo pierde estabilidad y uno puede ser fácilmente desequilibrado por el adversario.”


A menudo somos nuestros peores adversarios. Cuando subidos a la vorágine y las exigencias ajenas, no tenemos el suficiente valor para escucharnos a nosotros mismos.

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13/2/10

LOLA y "La Mujer Tibia"

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--------------------"La mujer tibia"

Su piel tenía la temperatura justa, la misma cambiaba de acuerdo a mi cercanía.
Por eso para mí ella era tibia, en ese término medio que hacía de punto de partida para que viajaramos al extremo más caliente y en otras ocasiones al más helado.
Se me hacía inminente extender la mano hacía su cuerpo cuando me aproximaba. Parecía que su presencia me hipnotizaba.
Era eléctrica en su manera de amarme y me enfermaba imaginar que cuando yo la dejaba, pudiera vibrar de la misma manera en otros brazos.
Por eso no podía evitar dejarla, una y otra vez, por que el no saberla mía, aminoraba el dolor de imaginarla con otros y le daba derecho a viajar por otros cuerpos.
Y cuando volvía a ella, ahí estaba para mí, esperándome, y yo podía sentirme por esos momentos su dueño, único y poderoso, por que de solo mirarla ella se convertía en el combustible necesario para mi excitación y se deshacía entre mis formas a la espera de que mi mano le diera aire.
La nuestra fue una inmensa historia de amor, por eso pensé que el 14 de febrero, Día de San Valentín, era la única fecha que le haría honor, y la maté. Ese mismo día y estando una vez mas, desnuda a mis pies.
Ahora sí es absolutamente mía y como siempre tiene la temperatura justa.

LOLA
Es un cuento horrible.
ROXY
A mi me gustó, es romántico, dicen que fue una historia verídica...
LOLA
El ya debe estar muerto también.
ROXY
Obvio, y su fantasma no puede dejar de buscarla por cada cuerpo al que se anima y no la encuentra.
LOLA
……………..
ROXY
¿En que te quedaste pensando?
LOLA
Extraño a Ulises
ROXY
Dejate de joder, Ulises es solo un perro pulguiento, lo que vos necesitas es un hombre. Aprovechemos de este mar que en breve se nos termina.

Clikea y mirá como la pasa Ulises con Morena en el blog “Y lo único que tenemos es un poco de tiempo” de Pablo Franko.

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2/2/10

ALMIBAR DE DURAZNOS

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-Tu actitud despierta sospechas hija… estás tan colaboradora que ando oliendo mucho mas que el almíbar de los duraznos. Vamos a ver, nos sentamos y te escucho.
Andrea dejó sobre la mesada de la cocina su delantal, y callada, atenta a la mirada de su hija, que sopesaba a cada instante si aquel era el momento oportuno para hablar, ubicó dos sillas cerca de la ventana que daba al jardín, desde donde podían ver el cielo de aquella mañana de enero.
- Mamá, Tino… y yo, estamos pensando en tener relaciones sexuales.
Así nomás, sin preámbulos ni anestesia. Así, simplemente, sin pelos en la lengua y llamando a las cosas por su nombre. Así sin previo aviso, ni cerca un vaso de agua para humedecer la boca que en un estrepitoso segundo se le quedó seca, más no los ojos, que tan sabios vieron el alma de su hija y en el mismo instante en que la boca se le secaba, ellos se le llenaban de lágrimas.
No era momento para prolongados silencios, esa damita necesitaba una respuesta, una palabra que le haga saber que todo estaba bien y que por sobre todo, ese era el momento indicado para hablar, solamente por que ella lo había elegido.
El almíbar de los duraznos, perfume fresco de flores blancas y un mismo momento en distintos tiempos, los mismos despertares y la necesaria memoria del cuerpo y el alma para comprenderla y acompañarla. Mezcla de miradas dulces, y la niña dejando las tardes de soles para irse solita de noches de luna.
- ¿Cómo se hace mamá?- preguntó con los ojos brillantes, solo esperando que aquellas palabras le dieran tranquilidad y la venia para iniciar su primer viaje.
- Asi Laura, despacio…entre caricias, entre miradas, tantas y tan suaves que vayan dejando ganas de mas y quieran sentirse bien cerca, uno dentro del otro. Ser como un almíbar, espeso, azucarado que va tomando la forma del recipiente, ser recipiente y contenido, que se va amoldando, despacio. Uno y otro, hasta encontrar entre ambos la forma exacta.
-Si- solo dijo, absorta en la voz y en la cara de su madre.
- …. hacer el amor es el lugar donde dos cuerpos juntos pueden batir alas y echar a volar, ser el mas perfecto aroma y la mejor melodía.
Andrea abrió su corazón y recordó su cuerpo fresco enredado en los aromas de aquel almíbar de duraznos de aquel mismo enero, tantísimos años atrás, cuando no tuvo con quien hablar. Descubrió que atesoraba sensaciones y formas de amar propias, que habían quedado guardadas, aquel día que decidió, sin saberlo, poner amarra a sus formas para asirse a los del otro.

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10/1/10

SARA de SEDA VERDE

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El viejo vestido verde se le vino encima en el preciso instante en que abrió el último cajón del mueble.
Se subió al cuerpo de Sara acomodándosele con esfuerzo, como un vendaval repentino y caprichoso que había esperado por aquel momento desde el día en que ella lo arrumbó al descuido, y paulatinamente se fue olvidando de su existencia.
Los recuerdos no se resignan al abandono y hasta suelen querer cobrar venganza, si es que confirman con el paso de los días, que han sido destino de olvido.
Este era el caso del viejo vestido que a diferencia de otros, tuvo su tiempo de revancha.
La seda ajada y añosa se dio ínfulas de novata y se retorció por el cuerpo de la mujer queriendo caer en gracia. Sara, que poco comprendía por aquel momento que era lo que pasaba, y seducida por lo que habían sido en algún tiempo esas galas, se dejó envolver suave. Se irguió con aires de aquellos tiempos, estirando el cuello para que la mirada se le haga más alta y hacia el cielo, y se miró de reojo en el espejo. Estaba tan hermosa como por aquellos días, por aquel entonces, donde otra era su vida.
Caminó por el cuarto envuelta de verde, un paso, otro, el tercero y al dar el cuarto su pie se puso pesado, lento, debiendo hacer el primer esfuerzo para moverse. Luego otro y cada vez un poco mas. Cuando ya no tuvo aire para caminar, quedó quieta en el medio de la habitación, inmovilizada por un extraño abrazo que la fue ciñendo lentamente, subiendo desde sus pies hacia las pantorrillas, apretando sus caderas hasta sujetarse fuerte por la cintura, camino al cuello. Cuando la seda verde solo le dio posibilidad de respirar, Sara se ufanó del perfume que aun conservaba la tela y eso bastó para continuar sintiéndose como aquella "agraciada".

Como brotes de hiedra, cada botón adherido a su espalda, se fueron enraizando a su piel clara. Los ojales de aquel viejo vestido fueron su horca en aquella tranquila tarde de marzo, cuando Sara permitió que sus recuerdos cobraran vida para salvarla.