24/11/09

"El que escribe no sabe"


Creo que las musas inspiradoras existen, pero que no plasman las ideas sobre el papel, salvo que se corporicen y les prestemos las manos para concebirlas. De modo que para convocarlas, he aprendido que es necesario tener constancia y conducta para poder escribir, en otros terminos, transpirar la camiseta.
Y es allí cuando suele pasarme, que mas allá del esmero que le ponga a la cuestión, algunas veces me encuentro detenida, inventándome cosas por hacer, justo en el momento en que registro que lo que quiero poner en letras, tiene íntimos puntos en contacto con algunos sentimientos propios. Algunos ásperos y difíciles de sacar, de ponerlos afuera.

Hace un tiempo atrás, mientras escribía una historia que aun guardo, esperando que algún día pueda volver a retomar, y queriendo avanzar en un capitulo, me dí cuenta que por mas intentos que hacía, me era imposible escribir dos oraciones seguidas. La pelee hasta que mi cuerpo dijo basta, llegué a sentirme mal, al punto de decidir que lo mejor era abandonar e irme a la cama a esperar que se me pase.
No he podido retomar aquella historia, tal vez por que había en ella demasiada cuestión personal.
Entonces puse mis energías en otra historia, a mi criterio bien digna de ficción, pariendo personajes desde la observación y la imaginación, jugando con ellos a mi gusto y antojo. Y hoy, mientras la misma avanza y los personajes siguen cobrando vida propia cada vez que abro el archivo para ir por ellos, comprendo también que aún en ellos hay tanto de mí, que de la misma manera que con la historia anterior, a veces se me hace difícil avanzarla.
A pesar de comenzar desde la mas fría ficción tengo tendencia a irme hacia terrenos hondos de mi misma, dejándome fluir de manera descontrolada y desparramada, para luego, al leer lo que escribí, interpretar a ese ejercito de hormigas que atacaron mi pc, y enterarme de que era lo que quería decir o dejar salir a través de esta forma de expresión que he elegido.
Cuando hago esto, que es indefectiblemente mi estilo, visceral y sin premeditación, entiendo y vivencio que “el que escribe no sabe” y tiene la posibilidad a partir de ello, de conocerse un poco mas al leerse (el que quiere, obviamente).
Releerse no solo es un ejercicio necesario para la corrección de un texto, sino que para mí, que hoy por hoy me animo, es una aventura de encuentro conmigo misma desde los personajes que sin duda y desde algún lugar, hablan inevitablemente de mí.

Escribiendo Sociedad Conyugal.

La frase que le da título al post no es mía y no recuerdo de quien es, si alguien sabe me tira el dato, si?

22/11/09

MAS COORDENADAS

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Para terminar el domingo y siempre en búsqueda de coordenadas, algo un poco mas arriba. Escribí varias horas, y antes de salir puse música de esa que hace mas fácil arrancar la nueva semana. Esta canción me gusta mucho.

Y ahora me voy... que tengamos buen lunes!

COORDENADAS

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Volver a aquel punto de partida...
Buscando mi propia música,
Ajustando mis nuevas coordenadas,
La ropa mas cómoda,
El mejor tono de voz,
Un pasaporte.

No se le puede pedir a quien no sabe, que nos enseñe a volar. No sabrá de qué estamos hablando.

Y aún así, confío en volar a la par.

18/11/09


Cuando me pongo a escribir, mi cuerpo se esfuma.
Aparece la posibilidad de mudarme un poco de mi propia vida.
Mi personaje merodea mi cuerpo difuso, mi espacio, mis sentidos. Sabiéndola tan presente en cada momento, me cuido de no contestarle cuando me gira alrededor, preguntándome que estoy esperando para ir por mas de su vida.
Ahora, en este momento mientras la música enreda mí pelo y las imágenes se tornan grises, por que al cerrar mis ojos no veo en colores, anda por aquí, está caminando a mis espaldas, silenciosa, creo que sabe que escribo sobre ella y eso le gusta, puedo intuir que está sonriendo.
Se acerca y trata de ver por sobre mí hombro como se mueven mis manos, está aprendiendo a ser tierna. Me gusta entenderla en sus distintos idiomas, enredarme en sus palabras, en su perfume espeso y azul. Me gusta ese perfume azul, como humo suave.
Tiene una voz que acaricia y raspa, me agita escucharla, murmurando bajito por los rincones de la casa.
Ella se anima a salirse de mí y ser liviana, húmeda, semilla de colores, agua de montaña, un poco nube, sombra, tierra espesa, roja, piedra y viento.
Todo y más, de lo que yo no puedo.

13/11/09

HORMIGAS

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Absorta en la página en blanco, algo tomó mi atención y me quitó distraída del mundo en el que vivo. Una hormiga se traslada rápida por sobre el filo de la pantalla de mi notebook, sin quitar las manos del teclado la observo y su marcha rápida me atrapa y la veo irse, y no quiero perderla de vista, baja por un lateral y sigue por la madera clara de mi pequeño escritorio, sigue bajando aproximándose al piso y yo con ella, me arrodillo a verla mas de cerca, no se detiene, sigue y sigue y yo tras ella, camino en cuatro patas por el piso de madera del cuarto sin perderla, acompañándola, no puedo detener su marcha, es una marcha firme y determinada, parece que sabe hacia donde va y como debe ir. No zigzaguea, no duda, solo avanza. Cabe en los espacios mas mínimos de las vetas de la madera, desaparece y vuelve a reaparecer, y allí la espero, la sigo con la vista y sigue y sigue, por detrás le siguen otras, pero estas tienen otras formas y se van apareciendo como una cadena entrelazada que va cobrando sentido, y hasta alguna profunda coherencia, si me lo permiten. Se agiganta y nada la detiene, siento hasta el ruido de una respiración colectiva, y no hay nadie mas conmigo en la casa y sin embargo me siento acompañada. La columna va creciendo a partir de la “A” y se hace larga, tanto que la mirada no me alcanza para abarcarla y de a poco un cosquilleo en mi pierna asciende sin detenerse hasta meterse en mí, Alba, o yo en ella.

07/11/09

EL OLOR

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Hoy algo se siente distinto, si bien el olor es más espeso, yo me siento menos cansada, más liviana. Acabo de abrir los ojos a la mañana que se mete en el cuarto por las hendijas de la ventana, y al girar la mirada hacia tu lado de la cama, llamativamente te encuentro atento, sereno, parece que hoy me escuchás.
Supongo que te habrás dado cuenta que desde hace ya unos días un olor nauseabundo inunda nuestra casa, y que he andado empecinada en encontrar la razón.
He comenzado cada martes con desesperación, abriendo todos los ventanales de los cuartos, buscando minuciosamente en cada rincón, detrás y por dentro de cada mueble, por entre los libros de la biblioteca, algún vestigio que me indique que me aproximo a la fuente de ese olor viciado.
Te confieso que por momentos me sentía molesta de ver como te quedabas mirándome sin hacer nada. Otras veces me hacías reír con alguna ocurrencia y otras tantas me daba miedo tu mirada áspera, pero inevitablemente siempre, y aun en este momento, me resultas un ser impredecible, misterioso, duro y con una expresividad escueta, casi huidiza, que solo puedo captar estando atenta a la yema de tus dedos.
Aun me seduce ese estar tuyo, alejado, que hace que deba parecerte débil para mantener tu atención en mí, y como, en ese juego de poder, nuestros cuerpos se encuentran, se juntan, se pegan y golpean, en una lucha dulce que termina cuando la calma se suspende en el espacio, tras nuestra propia tormenta. A veces creo que ya no hay formulas ni remedios para nuestra enfermedad, siempre hemos terminados brotados, contagiados, desmayados de placer y luego de tanta soledad.

Pero sabés amor, ese olor me hacía sentir incomoda, disgustada, por eso insistí en la búsqueda, tantas veces distraída por nuestra enferma manera de amarnos, pero necesitaba seguir haciéndolo.
Dí vuelta los sillones, desarmé sus cobertores y hasta he hurgado entre el relleno de los almohadones. Bajé los cortinados, retiré los cuadros, las fotos y las laminas que adornaban las paredes. Despedacé el papel que las cubría y me metí delgada entre los postigos de las ventanas, he levantado los listones de madera que formaban el piso de este cuarto y del contiguo, hallando solo un profundo espacio más aireado que el que nos circunda a nosotros…
ahora te veo plácido, acariciado por la luz de la mañana… y quiero tocar tu cara, acariciarte con la misma desesperación de siempre y no puedo, solo mis ojos parecen poder moverse, una rigidez en mi brazo me impide tocarte.
Mis pupilas están inquietas, sobresaltadas, buscan el espejo en la pared, a los pies de nuestra cama, y sabés que?, acabo de descubrir por fin de donde proviene ese terrible olor que nos fue envenenando poco a poco… vos y yo, estamos sencillamente muertos.



03/11/09

OJOS sin "S"


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Para la gente de ésta capital, las personas que venimos del interior, solo por eso tenemos un valor agregado.
El solo hecho de escucharnos hablar distinto, con algún arrastre, cantito, o como en mi caso comiéndome las “s”, los hace sonreír, y hasta predisponerse distinto ante nuestra presencia.
No dejo de preguntar por que y todos coinciden en opiniones parecidas que resumo en:”Son mas tranquilas, mas simples y confiables”.
No lo voy a discutir, ni mucho menos tratar de convencerlos de lo contrario, uso a mi favor ese “encanto” que los pone menos a la defensiva y no se si por esa razón u otra, me sigo encontrando con buena gente, de esa que sabe ser amiga y valora las cosas simples. Es posible que de no haberlo logrado, no me hubiera sido tan fácil sobrevivir a este paraíso de luces y cementos que como cualquier monstruo se rinde a la música y a las cosas mansas que traemos quienes hemos vivido entre verde y mariposas y resistimos a subirnos a un vértigo, que muchas veces es por una inercia mal acostumbrada, que por justa razón.
El desenfreno está en uno y el freno al mismo, también.
Aquí se puede vivir bien, prueben con comerse algunas “s”, no engordan y provocan sonrisas.
Además me pregunto si los que no somos de la capital somos del “interior”, los de la capital son del exterior?
Uff… si, a veces me confunden.