8/1/14

SEXO POR METRO

 


No entraba aire por la ventana del cuarto, estaba abierta de par en par pero el ambiente estaba enviciado, como el mismo Buenos Aires en esos últimos días de diciembre, oscuro,  pegajoso y malhumorado.
Tratar de leer a la luz de la vela se convertía en una tarea harto difícil, sin embargo no podía abandonar la lectura, despatarrada en la cama y con la cabeza apoyada sobre una pila de almohadas que me aproximaban a la llama de la vela:
“…Dejé que pasaran unos minutos y volví a asomarme por la ventana para espiarla. Adele ahora estaba dándome la espalda y  se quitaba el vestido, lo levantó despacio  desde la falda y lo estiró por sobre su cabeza, la cual quedó tapada en el mismo momento en que se iban descubriendo sus nalgas redondas y rosadas, preciosas, ahí, al final de esa espalda eterna que se empequeñecía en extremo a la altura de la cintura. Tuve que hacer un esfuerzo por ahogar los suspiros que batallaban por salir de mi boca…”
De repente me desperté sobresaltada por unos gemidos que entraban por la ventana. Parecían tan cercanos que hasta tuve la excitante sensación de sentir el olor a sexo que despedían los cuerpos. Me los imaginé resbalando en su propio sudor, uno sobre el otro.
La vela se había consumido y todo era oscuridad.
Me quité del pecho el libro bajo el cual me había quedado dormida y traté de ponerme de pie para ir al cuarto de baño, tenía ganas de hacer pis. En ese momento noté que  los gemidos se detuvieron, imaginé los cuerpos fatigados extendidos inmóviles y sudorosos sobre la cama.  Ahora sólo se escuchaba el ladrido ahogado de un perro viejo y una voz de un hombre que gritaba el nombre de una mujer: “María, María…” y mientras lo repetía, la voz y sus rápidas pisadas se iban alejando por la calle.
Me puse de pie y extendí la mano buscando la pared, me apoyé sobre ella y a partir de allí me guie a ciegas hasta llegar al cuarto de baño.  Cuando logré entrar busque el inodoro al tanteo y al encontrarlo me paré frente a él, me bajé la bombacha  y me senté con los brazos colgados a ambos lados de mi cuerpo desnudo.
De inmediato me relajé escuchando el sonido del chorro de pis cayendo sobre el agua retenida al fondo del sanitario. Un tanto adormecida, me mantuve sentada esperando a que cayera la última gota, mientras tanto levanté uno y otro brazo y olí bajo mis axilas, luego llevé mi mano derecha hacía el rollo de papel higiénico, tomé el extremo que sobresalía y jalé de él hasta que mi brazo pasó de largo mi cuerpo. Respiré profundo un par de veces para paliar la falta de aire, mientras doblaba el papel y en simultaneo y de manera automática,  entre abrí las piernas y metí mi mano hasta llegar a los labios mojados, para secarlos.
El roce suave de la hoja de papel me inquietó. Abrí los dedos y dejé caer al agua el bollo humedecido, pero tan  rápido como pude, volví a repetir el movimiento de jalar del extremo del rollo y quedarme con otro trozo que  llevé otra vez por entre mis piernas abiertas hasta los labios que a esta altura se habían preñado de sangre y latían silenciosos.
El papel, como una pluma, recorría de una comisura a la otra de la resquicio vertical,  despacio y de manera esmerada provocándome colosales deseos por gemir el placer que estaba sintiendo, pero solo pude emitir el sonido de una profunda y agitada respiración, tal era el silencio de la noche, que no me animaba a romper.
Por fin apareció el espíritu irrefrenable, solté el papel y ya con la decisión de actuar hasta las últimas consecuencias, sin que nada me importara, recosté mi cuerpo sobre la tapa del inodoro, levanté las piernas abiertas, las apoyé sobre el lavabo, puse las yemas de los dedos de mi mano izquierda sobre mi clítoris y comencé a frotarlo con la maña que me inducía, sin excepciones, a una escalada de placer.
Cerré los ojos para apelar a mis empinadas fantasías  y vi un par de miradas libidinosas  que se asomaban por la ventana del cuarto mostrándose deseosas de entrar. Sin embargo ninguna de ellas se animó a interrumpir,  bastaba con que estuvieran allí, hambrientas y atentas, para que mi calor se convirtiera en sofoco y ya sin posibilidad de reprimirlo, rugiera un orgasmo.
Luego de ello mi cuerpo fue soltando la tensión, como un globo suelta el aire para desvanecerse y ser solo piel. Por unos instantes no pude moverme y quedé allí tironeada por la gravedad.
Poco a poco fui recobrando las fuerzas y me incorporé para regresar al cuarto orientándome por las paredes. Me puse de pie, oprimí el botón del sanitario, escuché el sonido del agua agolparse por las paredes del inodoro y salí a tientas y despacio hasta llegar a la cama.
Me tiré, me acomodé de costado, puse una de mis manos bajo mi cara y  aun cuando por la ventana, que continuaba abierta de par en par, no entraba más que calor y un murmullo lejano de alguien que parecía disgustado, me venció el sueño y me dormí.
 
 
 

 

3/12/13

LA CULPA ES DEL CHANCHO

 


Estoy borracha, bueno eso creo.

Si bien metí de manera correcta la llave en la cerradura, y no en cualquier cerradura, sino justamente en la de mi departamento, aún estoy bajo los efectos de una noche de excesos.

Entro y cierro la puerta con un golpe fuerte tras el cual también se va mi cuerpo tironeado por la inercia. Me incorporo con esfuerzo y me centro en mis pies, uno para adelante, después otro y así despacito, de a uno, me digo. Ahora estoy en el living, veo que hay objetos que no están en su lugar, que se van corriendo de un sitio a otro. Me causa gracia, me desconcentro de las pisadas y me detengo. Es una sensación extraña sentir que todo gira, y que cuando extiendo una mano para detener alguno de los objetos que se caen delante de mi nariz al piso, nunca llego a tiempo y todo se hace añicos, salvo, los que a escasos milímetros del piso cambian de dirección y vuelven a sus lugares, intactos. Son los menos, claro. El piso parece un campo minado y apenas puedo moverme, tengo miedo de pisar algo y que  explote.

No hay dudas, estoy muy borracha, ya que en este preciso momento se me están cayendo algunas lágrimas, y sin embargo estoy tentada de risa. Creo que tengo una tristeza contenta o, o podría ser un alegre desánimo, no sé muy bien.

Ahora me han dado ganas de vomitar, si, muchas ganas. Estoy mareada. Cierro la boca fuerte y me la tapo con las manos para detener la corriente ácida que sube desde el estómago hasta la garganta quemándome por dentro. Frunzo el ceño y la vuelvo a tragar, y cuando menos lo espero un torrente agrio y putrefacto se hace presente en mi boca y ejerce la presión necesaria para ser  expulsado como una catarata hacia el piso.  Mi cuerpo se arquea y vuelve como un latigazo. Algo caliente salpica mis piernas.  Siento asco, el olor penetrante me provoca arcadas y sigo escupiendo lo poco digno que queda de mí.

Trato de permanecer inmóvil, de pensar que hacer, pero ni siquiera sé cómo hacerlo, pensar digo, no sé por dónde empezar, si pensando o haciendo. Estoy cansada y tengo miedo de caerme sobre mi propia inmundicia.

De pronto me acuerdo del policía que me subió al taxi y me mandó a casa luego de pedirme la dirección. Golpeó la chapa del techo para indicarle al conductor que arranque y lo perdí de vista mientras el auto se alejaba. Me había preguntado si contaba con alguien que me ayudara y yo le dije  que sólo contaba conmigo, pensé que eso lo haría apiadarse de mí, pero habrá pensado que subirme al auto y mandarme a casa era suficiente pago para la mediocre chupada que le di, pero es que si por lo menos se la hubiera lavado me hubiera ahorrado semejante vomitada.

¡Sucio! ¡Asqueroso!
Y me caí.



Este cuento se lo dedico a Humberto Dib porque me ayudó a rescatar la esencia de un relato viejo  que quedó así,  y porque además es un  brillante administrador de ideas, para el todas  valen y se transforman si uno se anima a jugar con ella.
 
 

20/11/13

ATAQUE MASIVO 2da. edición

 


Apenas veo, por las hendijas de la persiana y por la ínfima abertura de mis parpados, el gris del cielo. Apenas un filoso hilo de frío me roza la piel arrebato las sabanas y me cubro. Voy abriendo los ojos bajo la tela, descubro una distancia eterna entre la punta de mi nariz y los dedos de mis pies.

Aquí abajo también amanece por más que no quiero. Abro los ojos, amodorrada, todo es gris también aquí. Huelo el calor de mi cuerpo encerrado entre mis brazos y respiro profundo, me lleno de aire  y de pronto siento que comienzo a flotar, que me elevo hacia  el techo, estoy arañando el cielo raso… hay música del otro lado.

Apoyo mi oreja en su suelo, un suspiro largo, me excito, me gusta lo que escucho, lo que siento, me erotiza. Mi pecho se pega contra su piso, y él me siente, se tira al suelo, me percibe, me busca arrastrándose como un animal en celo, me huele, callado, tiembla y yo siento su miedo, latimos fuerte, jadea y lo sigo, camino en cuatro patas por mi cielo, siguiéndolo, me deslizo por la pared, pegada a su cuerpo, agudizo mi olfato y sigo su huella, su olor, blanco, espeso, de pronto lo pierdo, me desespero, mi cabeza gira atenta hacia todos lados y otra vez lo encuentro. Jadea, se mueve despacio, lo sigo por líneas, por vértices, por ángulos y llego al piso. Está ahí, detrás de la pared, puedo dibujar su silueta con mi lengua, sus manos atraviesan el muro, se meten en todos mis labios y con la violencia justa me arranca de mi encierro y me lleva, me dejo llevar al espacio que se abre entre sus piernas... hasta que amanezca y apenas un filoso hilo de frío me roce la piel, vuelva a cubrir mi cuerpo cansado, y sólo me quede de él un jarabe escurridizo entre mis piernas.



Dedicado a Ato, porque alguna vez lo guardó en su arcón de relatos preferidos. Espero que esta edición más cuidada te guste un poco más. Abrazo grande, muy grande.


 

27/10/13

MENTOLMENTE

 


Comer pastillas de mentol sin azúcar. Tener un paquete siempre en el bolsillo. Olvidarlo a riesgo de un desbande de comida. Calmar la ansiedad, la voracidad, justo en ese momento en el que se  desea encender un cigarrillo para evitar una comilona. Pensar, en el preciso instante de desenvolver una pastilla y llevarla a la boca,  que ese instante fatídico pasa. Pensar que todo pasa, y repetirlo tantas veces hasta la distracción, entonces, comprender que el momento ya pasó.
Desdramatizarlo.
Hasta que el deseo vuelve a aparecer en el momento menos esperado. Y esta vez la voluntad al servicio del desquicio mental y entonces respirar, respirar y respirar, buscar una pastilla de mentol sin azúcar, llevarla a la boca y pensar que todo va a pasar, y por fin pasa.
Desdramatizar otra vez.
Y otra vez ajustarse cuando el apetito voraz avanza, lento pero firme. Y desear una bocanada de humo para ahuyentarlo y no tener más que un paquete de pastillas para comer y para aspirar, para pasar esos segundos funestos. Y por fin, pasan.
Desdramatizar una, cinco, diez…
Hasta que el cuerpo pide sexo, con la misma desesperación que pide grasa o humo. Pagar por sexo, como si fuera el remedio cuando nada logra hacer descender esa presión que lleva a romperse por dentro. Esperar. Consumar. Pagar. Dormir. Despertar.
Desdramatizar, sesenta y tres veces más…
Y cada vez resistir.
Y volver a comer pastillas de mentol sin azúcar.

 

12/10/13

EL TREN


-No se asuste, yo la voy a tratar bien... no haga pucheros, ¿quiere? Sepa, mujer, que yo no hago esto todos los días, ¿eh?, pero a la final, acá estamos usted y yo, sentados frente a frente… Derechita, apóyese bien contra el respaldo del asiento, ¿quiere?... Mire, tenemos todo el tren para nosotros, el vagón desierto, hasta el guarda nos dio vía libre…ja ja, vía libre, eso es… vamos a poder elegir a dónde queremos viajar… ¿A dónde quiere ir usted?... No la escucho… ¿Qué?... Más fuerte y ¡sin llorisquear!... ¿a San Fernando, dice?...no, no, vamos a ir más lejos, iremos a Gobernador Garmendia… ¿A qué no sabe por dónde queda?... Queda en Tucumán, de donde yo vine hace una pila de años… ¿Siente?, el tren ya está en marcha… Mire qué linda se ve la ciudad iluminada desde la ventanilla… y a usted… las luces le adornan la cara y se pone re linda, así, llena de luces. ¿Sabe?, de noche tiene la piel más blanca, parece un relámpago cuando lo alumbra todo... y me imagino que sus tetas deben ser como dos pompones de algodón que caben en mis manos…uf… Mire, mire mis puños cómo se cierran, se ponen rojos de tanto apretar… Están como amotinados para no irse a tocarla… porque, ¿sabe que mis manos se mueren por investigarla? Si yo fuera mis manos, empezaría por tocarle los pies… son tan chiquitos que hasta deben caber en mi palma… mire sus uñas…  tiene una perla en cada dedo, parece un collar… ¿Sabe qué me gustaría?, ir con mi mano desde sus pies hasta las rodillas y que usted abriera un poquito las piernas para que yo le meta mi mano en ese pasillo oscuro hasta llegar a tocarle la bombacha… ¿De qué color es su bombacha?... ¿Verde?... Me hace reír. No me gusta una bombacha de ese color… saqueselá, ¿quiere? Le debe quedar muy fea… ¿Se la saca usted o se la saco yo?... ¡No llore! Ve, si me deseara un poco la estaría pasando mejor… Muy bien, se la saco… ¡Ah! Ja, ja… Veo que entendió rapidito… Muy bien, se la va a sacar solita y yo miro…uf… Qué lindas piernas… Me imagino su culo, ahí, donde nunca le da el sol… uf… Vamos de a poco, total tenemos un largo viaje hasta llegar a Gobernador Garmendia…  Pero deje de temblar, ¿quiere?... ¡Ay dios y la virgen santa!... ¡Es más linda usted! Sus piernas parecen dos chorros de leche cayendo desde lo alto de su trasero…  Pero me hace enojar, tiene un gesto de mierda en la cara, de asco, así es como las minas como usted me miran siempre, me hacen sentir una basura, y yo no soy eso, ¿sabe?... yo sé leer, escribir, terminé toda la secundaria; yo no estoy enfermo, no fumo, no tomo, trabajo, y todos los días antes de irme a dormir, leo un libro de poesías que me regaló una novia que tuve… Ella tenía la piel suave… ¿A ver la suya?... ¡Baje la cabeza! ¿Tiene miedo de que la toque? Acostúmbrese, y  cuando yo la toque, usted mira al piso… ¿A ver cómo lo hace?... Bien, y sin llorar, tráguese esos mocos… uf… Usted me hace poner un poco furioso… A ver... Sí, es suave, re suave, tanto… Mire, se me pone la piel de pollo... uf… ¿Sabe?, cuando yo le tocaba la bombacha a mi novia, ella se hacía pis encima, se mojaba toda… ¡Uy! … Sienta, ya  tomamos velocidad… Cambie esa cara, ¿quiere?... Y ya no me mire como a perro con sarna, no me acostumbro a ese trato de mierda que me dan las minas como usted… Y por más que el Raúl diga mil veces que somos de mundos distintos, ustedes y nosotros, que no nos mezclamos ni en los sueños, yo voy a cumplir el mío… Ya, ya… Muy bien, deme esa bombacha, ahora es mía, es mi primer premio… ¿Sabe?, se la voy a llevar a mi hermano, este es un calzón fino, y cuando se lo muestre, me va a creer que a la final me cumplí el sueño…  ¿Sabe cuál era el de él? Manejar uno de esos autos caros que se ven en la calle, de esos que no hacen ruido y que cuando los mirás, zas…, desaparecieron en el mismo momento de tan fuerte que andan… Él sabía que nunca se iba a poder comprar uno, entonces, agarró, eligió el que más le gustaba y se lo afanó. Anduvo en auto toda la noche, muchas horas, hasta que se le terminó la nafta… Él decía que después de eso se podía morir tranquilo, porque ¿para qué mierda va a vivir uno, si mientras está acá en la tierra no cumple sus sueños?… ¿Para qué?... Y tiene razón, semejante vida de mierda que nos toca a algunos… Mi hermano está preso ahora, yo le digo que se joda porque cuando terminó con su sueño, se tendría que haber recatado, y no, le agarró el gustito y lo pescaron… Está jodido ahora,  pero bue… Yo siempre soñé distinto, soñé que iba a viajar en tren con una mujer de pelo claro y piel muy blanca y lisa, así como es usted, pero me iba a buscar la mejor de todas, porque yo no voy a hacer eso de enviciarme, yo me mando una, la mejor de todas, y me retiro… Y usted es la mejor de todas, si cuando me acerco a su cuello… ¡Ey, no sea bruta, quiere! No se espante, apóyese en el asiento que sólo me voy a acercar a su cuello para verle las venas que corren debajo de esa piel trasparente que tiene… Yo sueño que usted está enamorada de mí…, y que le dan ganas de que yo la toquetee toda y la bese y le haga el amor… Estoy seguro de que a usted le gustaría que yo le haga mojar las bombachas finas que usa… ¡Vamos, no llore!, me pone nervioso… Este es mi sueño y no la voy a dejar que me lo estropee. ¡No me haga gritarle! Después que termine, si quiere agarre el chumbo y me pega un tiro, total, ya está… Además yo no voy a ir preso… ¿Sabe?, todos los días, cuando viajo en el tren, temprano, para ir a trabajar, a limpiarles las oficinas a las finolis como usted, y las veo todas  limpitas, con ricos perfumes, con los pelos que brillan, con la ropita prolija… finas, como en los dibujitos de las revistas… Yo me pregunto por qué no puedo pegarme un buen revolcón con una como usted… ¿Me explico?... ¡Ah, qué bueno!… Mucho sexo, un polvo magistral de ésos que uno no se olvida en los años de los años… ¿Por qué no?... Además este sueño es mío, no es como el de mi hermano, es más legal, más permitido, ¿vio? Porque se trata de robarme un poco de amor, nada más que eso, y eso no se le niega a nadie, ¿entiende?... Yo no soy una cucaracha… Yo soy un hombre… Yo ando cerca suyo, la veo pasar aunque usted no me vea, le tengo ganas… Yo  vivo… Eso es, respiro, hablo…, aunque usted no se entere, y ¿sabe? Yo, antes de morirme, aunque sea en este sueño, voy a existir y  se lo voy a hacer sentir…

17/8/13

El beso de Federico

 

 


Desde el mismo momento en que amanecí  para ir a trabajar desee que fuera de noche para estar de regreso en casa y quedarme allí como en un refugio seguro.  Ese fue mi plan para aquel día, volver cuanto antes.
Sin embargo cuando la tarde se iba guardando debajo de cada abrigo de los transeúntes me encontré caminando en la dirección contraria a mi casa.  Iba con paso rápido, apurado, como si corriera a hacer un trámite.
Al llegar a mi destino apoyé el dedo índice sobre el timbre y lo mantuve oprimido más de lo necesario, seguía siendo otro intento más de aferrarme a aquel plan y no arrepentirme. Me había convencido de que lo mejor para terminar el día era ir a ver a Elena para luego volver a casa cansado sin más ánimo que para dormirme.  
Esa tarde me sentía irritado, aun así me concentré  en  Elena y su figura desnuda y logré   excitarme antes de subir a su departamento. Aun trataba de hacerlo cuando  me sobresalté ante el  sonido de la chicharra de la puerta dándome  permiso para entrar. Subí dos pisos por escalera y corrí  hasta la última puerta en el extremo del pasillo.
Cuando estuve dentro del departamento, cerré la puerta tras mis espaldas y vi  que Elena estaba parada frente a mí con su mirada lánguida y paciente. Era una hermosa puta,  discreta y de pocas palabras. La había conocido hacía cuatro años y desde hacía  dos, era la suya la única boca a la que le entregaba mi entrepierna. Había entre ambos una sinergia especial y nuestros encuentros eran protocolares, empezaban, transcurrían y terminaban siempre de la misma manera.
Yo llegaba a su departamento medianamente excitado, con relativa urgencia, pero seguro de que al verla desnuda ante mí, con el pelo recogido y los labios pintados de rojo furioso,  se brincaría mi bragueta.
Ella  me esperaba  parada frente a la puerta de manera que cuando yo entrara fuera lo primero que viera. Acto seguido se arrodillaría a mis pies y me soltaría el cinturón y el cierre para descomprimir y aliviarme. Me daba unos segundos para que yo pudiera acariciar mi erección y luego ella  la aseguraba entre sus labios y la lengua hasta llevarme a la más profunda y ciega inconciencia.
Algunas veces la miraba bambolear el trasero mientras se movía rítmicamente yendo y viniendo hacia mí, pero invariablemente terminaba con los ojos cerrados y el rostro de cara al techo, casi en un gesto liberador y agradecido.
Me vaciaba en su cara y terminaba de disfrutar al ver su gesto angelical recibiéndome.
Luego ella se ponía de pie e iba al baño a limpiarse y a buscar un paño húmedo para limpiarme con la ternura más inspiradora que alguna vez sentí, me hacía caer sobre el sillón de la salita en la que nos recibía a sus clientes y con toda la dedicación me limpiaba el rouge que me había dejado con aspecto ensangrentado luego de sus besos y sus lamidas… y me hacía sentir que sólo ella podía curar mis heridas.
Mientras ella me limpiaba yo  alternaba con mi mirada entre su imagen  tendida  amorosamente sobre mis rodillas, que solían continuar temblando por un buen rato, y la caja de cuero azul que estaba sobre mesa de arrime donde antes de irme dejaría mi paga por todo el amor recibido…ella no sabe, porque nunca se lo dije, que en más de una ocasión  le hubiera dejado mi vida toda en esa caja, cada vez que en su boca yo encontraba un poco de paz, que aunque durara poco últimamente, me daba descanso y esperanza.
Pero aquel día no fue como siempre, ella estaba como sabía que debía estar cuando yo abriera la puerta, pero yo llegaba distinto,  algo alterado, con una inquietud que me agitaba por dentro y me ponía ante la posibilidad de estallar en cualquier momento. No la dejé arrodillarse, la tomé por debajo de los brazos y la puse de pie frente a mí de manera  que su boca esté cerca de la mía y pudiera además  mirarla a los ojos. Lo primero que noté en ella, en su cara y en los músculos de su cuerpo, fue una cierta tensión producto de la sorpresa, su mirada de extrañeza lejos de apaciguarme, me sobre excitó  y me vi tentado a probarle los labios y a sentir el gusto de su lengua. Comencé a besarla, iba poniéndome más loco a cada segundo pero sabía que no estaba enloqueciendo por ella,  sino que de alguna manera estábamos teniendo una despedida y que la estaba homenajeando con una erección que se merecía pero que no le pertenecía.
Mientras la apretujaba con fuerza contra mi cuerpo recorrimos la habitación con pasos torpes, en círculos, a tropezones contra los muebles y las puertas y mientras yo la apretaba con violencia me arrancó la camisa con una certeza impecable. De pronto tuve su mano tibia sobre mi espalda y  después de tanto tiempo volví a sentir la sensación de una caricia. Fue tan agradable que me noté desesperado por intentar retener ese momento de tan fuerte impacto. Esa sensación  ha quedado guardada en mi memoria sensitiva como un parámetro a veces imposible de volver a alcanzar.
La mano temblorosa de Elena  recorrió cada centímetro de mi piel, parecía saber también ella,  que ya no me volvería a tocar. De pronto nos encontramos en el baño y con una pericia más propia de su deseo que de las destrezas adquiridas por su trabajo, me quitó el pantalón y me dejó desnudo aun sin dejar de besarme.  Un ímpetu irrefrenable hizo que la arrancara de mí y la pusiera de espaldas sobre el mármol helado de la mesada del baño. La tomé por la cintura y la acomodé a la par de mi entrepierna, cuando la tuve a mi altura, sin pensarlo y exigido por un terrible deseo le abrí las nalgas y la penetré sin cuidado. Su gemido de dolor me invadió los oídos, nunca la había escuchado gritar y no me gustó. Eso aumentó mi ímpetu por cogerla y lo hice violentamente. A  diferencia de lo que hubiera supuesto, ella parecía gozar con el dolor que yo necesitaba infligirle.
Creo que en realidad necesitaba sentirme poderoso, y en aquella situación con Elena me sentí así, enérgico y lleno de valor.
Fue una embestida ajena de sentimientos, puramente instintiva por parte de ambos.  Elena  se dejaba mover a mi antojo como si fuera un objeto de mi pertenencia y disfrutaba con ello, pude notarlo, y como un animal empujé  frenéticamente dentro de ella para vaciarme, cuando lo logré cerré los ojos y llevé la cara hacia el techo para largar el aire que venía conteniendo, liberarme y  agradecer por aquella sensación de placer. Luego bajé la cabeza lentamente para buscar la espalda de Elena que continuaba tendida sobre el mármol, y en el trayecto encontré mi imagen frente al espejo, tenía la boca pintados de rojo intenso con el labial que Elena se lucia para esperarme. Parecía como si unas garras me hubieran lastimado la cara, como si alguien hubiera querido arrancarme la piel. Me quedé mirándome inmóvil, extrañado por mi imagen, sorprendido y paulatinamente resignado. Por fin baje las defensas, dejé caer los brazos a los costados de mi cuerpo y di un paso hacia atrás abandonando definitivamente el cuerpo de una mujer.
Luego de haber sentido tanto valor me encontré allí observando, con tristeza y lleno de miedo, la patética imagen de mi infelicidad. Volví a lamentarme por no haberme podido enamorar de aquella puta maravillosa, me vestí rápido, vacié toda mi billetera en la caja azul de la sala y me fui.
Por fin llegue a mi casa, me tiré en la cama y  lloré hasta agotarme y quedarme dormido.
Los días subsiguientes comenzaron a ser distintos, dejé de pelearme conmigo mismo y comencé a hacerlo con los prejuicios de los demás, pero claro que los entendía, si en definitiva yo mismo había sido un prejuicioso y el primer verdugo al juzgarme por mi homosexualidad.
Ahora puedo decirlo y he notado que  más de uno a quien le corroboro las sospechas que tenían, quedan perplejos, mudos, como prefiriendo que no se los hubiera dicho.
Es que la verdad muchas veces nos incomoda al punto de seguir eligiendo las mentiras.


Ahora por favor siga siendo tan respetuoso como lo fue mientras me leía y si lo desea deje su comentario en el mismo tono.
Gracias por haber llegado hasta aquí.

Federico

6/8/13

Llamame, llamame, llamame...

 
 Lunes
- Linda cara y linda delantera pero la muy turra se fue con un saco largo hasta la rodilla y no me ha quedado más que imaginarme que tiene un maravilloso culo… por suerte llegó puntual. Estaba morado del frio porque como buen colgado me fui sin campera…sí, habló lo justo, no me aburrió ni me llenó la cabeza…debe ser culta, una grosa de esas que sacan chapa de humildes, se le notaba de acá a la china… no mencionó a ningún ex y sólo tomó un café. Me gustó pero me parece que se dio cuenta y se hizo la estrella…ah! tenía un perfume bárbaro,  seguramente caro...creo no equivocarme al pensar que a este tipo de mujeres hay que dejarla venir solitas sino después nadie las baja del pedestal, con buena suerte te meten en la cama y después se van…si le intereso me va a llamar.
Martes
-Un divino absoluto, súper puntual, creo que llegué tres minutos antes y el tipo ya estaba esperándome, súper correcto. Al principio me pareció un poco desalineado, además estaba de mangas cortas y hacía mucho frio…sí, yo también pensé que sería re indigente y no tendría campera pero no me pareció eso… me pareció re leído, me daba un poco de vergüenza hablar y que se diera cuenta que sólo leo la revista Caras, sí ya sé que no tiene nada de malo, pero tampoco tiene nada de bueno. No quise comer, me daba terror que pudiera quedarme una basura entre los dientes, tampoco quería pararme para ir al baño, me daba vergüenza, no quería hacer nada que no fuera correcto porque el tipo me gustó y no quería joderla… y eso me parece que le gustó, digo, saber que él me gustaba…pero… me juega en contra, mejor me quedo piola sino va a pensar que estoy regalada… si le intereso me va a llamar.
Miércoles
Jueves
Viernes
Sábado
….
FIN






28/7/13

SIN CURA




"...el problema conmigo es que cuando me piden explicaciones es a pura perdida porque a mí me cuesta mucho explicar cosas que no me las explico ni yo mismo, lo que te puedo decir es como nacieron los Cronopios…yo estaba en Paris en 1952, creo, y fui a un concierto…”

Interrumpí la lectura repentinamente al notar que alguien se sentaba en la silla que estaba del otro lado de la mesa del bar en el que yo estaba tomando un café y releyendo algunos textos que había desgravado para un trabajo de investigación.

Primero miré de soslayo, mantuve un ojo en la hoja y con el otro me asomé fuera de mi mundo de famas a ver que estaba pasando. De pronto mi ojo salió de la línea de lectura y se ocupó, junto con el otro, de ver quien era esa mujer que se acomodaba sin pedir permiso y casi con cierta desfachatez. Mis ojos se abrieron muy grandes, y más grandes aún cuanto mayor era mi confusión y sorpresa.

Pestañeé un par de veces siempre deseando que al abrirlos nadie estuviera frente a mí. Restregué mis ojos con los puños de mi camisa pero cada vez que los abría esa mujer estaba allí sentada.

Gire la cabeza echando un vistazo a la gente que estaba en el local pero todos estaban en sus temas y parecían estar ajenos a lo que sucedía en mi mesa… es que, no se como decirlo...es que esa mujer era yo misma sentada frente a mí! ¿Podés creer? y por favor no me pidas que dé explicaciones porque a mí me cuesta mucho explicar cosas que no me explico ni yo misma. Todo lo que te puedo contar es que desde ese día no se ha apartado de mi lado y que de a poco he debido de ir aceptándola, casi como quien debe aceptar que deberá convivir con una esperanza sin cura.


20/7/13

FELIZ DIA (vale por todos y cada uno de los dias del año)




Feliz día a todos las amigas y amigos amorosamente creativos, a los que hacen que la vida sea mas alegre y a los que cuando se pone triste están para que juntos pateemos las penas.

 

19/7/13

COSA DE GATOS




No importa que hayas hecho algo mal, intenta siempre que parezca que lo hizo el perro.


10/7/13

BESOS


El hombre andaba buscando besos y me preguntó si yo tenía.

- De qué tipo?- le pregunté.

- De esos besos que caben en mi boca y que mi boca cabe en ellos. De esos como ciruelas, redondos y suaves a los que si le muerdes despacio la piel crujen y gimen, y cuando los oprimes cuidadosamente se entregan, se abren y derraman un jugo dulce que inunda la boca y escapa por las comisuras hacia el cuello.

Me quedé pensando...

 

16/3/13

ANAIS and HENRY


Mi Querida Anaïs,

¿Qué son las despedidas si no saludos disfrazados de tristeza? Lo mismo que el deseo y el placer de verte mientras te desnudas y te envuelves en las sábanas. Nunca has sido mía. Nunca pude poseerte y amarte. Nunca me amaste o me amaste demasiado o me admiraste como la niña que toma una lente y se pone a ver cómo marchan las hormigas y cómo, en un esfuerzo incasable y lleno de fatiga, cargan enormes migajas de pan. Qué son aquellas noches lluviosas en medio de la cama de un hotel. Qué el recuerdo de nuestros pasos por la calle, en el teatro o en la sala de conciertos. Qué son los recuerdos de los celos y de tus amantes y de June y de mis amantes.

Anaïs, no creo que nadie haya sido tan feliz como lo fuimos nosotros. No creo que exista en la historia del hombre y de la mujer un hombre y una mujer como tú y como yo, con nuestra historia, nuestras circunstancias; con aquello que se desbordaba en las paredes, el ruido de la calle y la explosión de tu mirada inquieta de ojos delineados en negro; con la sinceridad de tu cuerpo frágil y tu secreto agresivo e insaciable. El recuerdo puede ser cruel cuando estás volando febrilmente a tu próximo destino, a otros brazos que te reciban expectantes y hambrientos. El recuerdo de tu diario rojo que tirabas en la humedad de la cama entre tus labios entreabiertos y mis ganas de desearte. Te deseo. Te deseo con la desesperación y el anhelo de lo imposible y ya te has ido y tal vez, en un sueño imaginativo y romántico, leerás estas palabras una y otra vez, en medio de mi ciudad con la gente pasando en medio de las calles y la sorpresa en tus ojos y la gran dama con el fuego en la mano derecha.

Mi querida Anaïs, ma petite, ma jolie, infanta inquieta de sal nocturna. Te extraño cuando huyes de madrugada y te extraño cuando camino y me tomo un café en la calle; te extraño cuando June se acerca cariñosa y cuando paso por los grandes aparadores. Te extraño casi a todas horas: cuando escribo, cuando te pienso, cuando escucho las campanas que me anuncian que ya son las tres, cuando me acuerdo de las horas interminables entre humo y whisky, cuando tengo una comida que dura toda la tarde, también cuando me despido de ti cada día a la misma hora, cuando como en aquel lugar donde nos dio el aire y cuando escucho la radio. Adiós, Anaïs, adiós. Ya nos encontraremos en otras vidas y en otras vidas podré poseerte y quedarme contigo para siempre. Ya te veré en medio de la nieve y entre libros y vino. Adiós,

Henry 




(Carta de Henry Miller a Anaís Nin)

 
 

8/3/13

MI PLANETA FEMENINO


Mi vida tiene un altísimo porcentaje de conformación femenina, tanto como de agua el planeta y  mi cuerpo, y no me refiero a mis hormonas sino a las mujeres con que comparto cada día. Y es por esta razón y pensando en lo importante que son las mujeres en mi vida, es que  terminé convenciéndome de que no estaría mal sumarme al sin fin de buenos deseos para este 8 de marzo y 9 y 10 y 11 y 12...y...y
Para mi madre que aún me ve crecer, para mi maravillosa hija que también crece y se va haciendo grande, tan grande que ya puedo verla desde abajo y admirarla como a una gran mujer. Para mi hermana que me enseña cada día acerca de mis miedos, debilidades y limitaciones. Para mis hermanas de la vida  Paula  María y Carolina. Para mis compañeras de la universidad Silvia y Gisela, para mis nuevas y grandes  amigas con quienes comparto la maravillosa experiencia de escribir Cecy, Miralunas, Estercita, Cristina, Pauli. Para mis maravillosas  amigas con quienes vivo cada día en el ámbito laboral Gaby, Teresita, Fernanda.  Para mis buenas compañeras del trabajo, con las que me llevo más y con las que me llevo menos, porque de ellas aprendo más de mí que lo que aprendo con las que más quiero, Laura, Erika, Alicia, Cristina, Roxana, Ale, Dana, Noe, Naty, Sofi, Juli, Silvia, Silvana, Caty. Para mis flamantes compañeras de estudio de Counseling, para mis sobrinas Mary y Virgi. Para mi valiente cuñada Andrea. Para mi prima hermana Ana y sus hermosas hijas con quienes crecí. Para las lindas mujeres que eligieron mis hijos varones. Mención especial para la rubia más bonita, Mirta, que es mi hada madrina viajera. Para las amigas de mi hermana en Arrecifes que me dejan ser un poquito sus amigas y que tanto  entendieron y acompañaron a mi hermana, incluso cuando tuvo que cuidar de mí. Para las mujeres con las que seguiré viajando. Para mis médicas Graciela y Socorro. Para las mujeres con quienes intercambio de manera virtual y que también me aportan y hacen a lo cotidiano.
Para mi  luminosa abuela Ana, que aún y por siempre vive en mí.
Para todas un abrazo infinito.


Uy!! Una hermana que encontré ya de grande y de lejos a través del blog, una mujer manos patas Nieves y que ya será otro abrazo. 
 
 

20/2/13

DIFERENTES


"...Está asi lograda la democrática igualdad sexual. Intrigas de alcoba, con vencidos sin vencedores. Hombres y mujeres en el anonimato semioscuros de los cuartos luchan, sudorosos, para anular sus diferencias. Guerra imbécil, como todas, ya que el infinito placer de la paz sólo adviene cuando los distintos ofrecen generosamente sus diferencias para que el otro la goce."


Alberto Goldin  "Amores freudianos"

31/1/13

UN CHICO MALO

 


 Estoy muerta de miedo…y yo que pensaba que el miedo era cosa del invierno…de las noches negras y de tormentas, de truenos, de  vientos y de  puertas que se golpean…de lunas llenas, de sombras y telas de araña…parece que no…además... tal vez aún no me haya muerto del todo ya que puedo tomar conciencia del hecho mismo de tenerlo, de que lo estoy sufriendo y de que no es mentira ni exagerado lo que se dice sobre lo traicionero que es.  Desde que se me vino al cuerpo, al alma toda, no he tenido paz, me ha perturbado hasta el sueño y de ahí pasando por el humor al hábito de las comidas…todo se fue modificando desde que  apreció en mi vida…como si fuera un amante perverso y manipulador, esos que son tan difíciles de soltar. Fui encontrando algunas respuestas a cada cambio, convencida de que lo que decía era probadamente real…pero la cuestión se me fue tornando sospechosa en la medida en que las causas que le encontraba a mis cambios, no justificaban de ninguna manera el malestar que persistía por más intentos de no darle a las cosas más importancia de las que tenían…Este miedo se vistió de mil maneras, se hizo luz y sombras, me habló en distintos idiomas, supo camuflarse en los distintos momentos y lugares, se hizo mi amigo y mi enemigo, se enojó y me disculpó tantas veces como necesitó para hacerme entrar en razón de que él no era como yo lo veía…esta mañana, en cuanto se hizo la hora en que debías subir a tu avión para regresar, me di cuenta que esta porquería de malestar que siento no es ni más ni menos que un enorme miedo que se instaló en mí el día que te fuiste, y que no cederá de mi cuello hasta que no estés en tierra de vuelta con nosotros.
Cuando vuelvas a irte ya no será igual, habré aprendido a aceptar…me.




 

25/1/13

TEXTO ABRELATAS


Enero...
 

"¿ No juzgo? Sí, sí lo hago; me paso el tiempo juzgando. Me irritan muchísimo quienes nos preguntan, con mirada fingidamente horrorizada:  “¿ no me estará usted juzgando?” Pues sí, claro que lo juzgo, lo juzgo continuamente. Pero las sentencias que dicto no tienen repercusión en la existencia de los “imputados”.Concedo mi estima, o la retiro, dosifico mi amabilidad, dejo en suspenso mi amistad a la espera de pruebas complementarias, me distancio, me aparto, concedo un aplazamiento, hago borrón y cuenta nueva, o finjo que lo hago. NO comunico las sentencias, no doy lecciones, la observación del mundo no tiene en mi más consecuencia que un diálogo interior, un diálogo interminable conmigo mismo” 


Extracto del libro “los desorientados” de Amin Maalouf

Tomado del blog de mi amiga Ico

21/1/13

MEDIAS Y TACOS




La miré pintarse frente al espejo. Me mantuve callada, tratando de aminorar los latidos del corazón que me retumbaban en el pecho.
Mientras tanto ella se delineaba los ojos.
.
Tenía la mirada tan llena de gracia…!
 .
La vi como cubría de sombra sus parpados  y de rubor las mejillas. La vi ruborizada antes de encenderse al caer sus ropas, al caer su tiempo de niña, sus zapatos de moño y antes de perder sus ganas de ser la mamá de las muñecas.
La vi estirar su cabello y perfumarse el cuerpo. La contemplé emocionada y como si yo fuera la niña con quien ella ya no quería jugar más, solté un par de lágrimas. Me daba ternura aquella pequeña mujer que se soltaba de mi mano.
.
Había crecido tanto y en tan poco tiempo!
.
Se puso anillos y  aros de plata.
Medias  y tacos.
Se pintó lo labios.
Alisó su ropa, miró el reloj de la pared y se fue a esperar frente a la ventana.
Yo moví mi cuello tenso, suspiré por su entusiasmo mientras caminé en silencio para irme a dormir.
Me recosté inquieta, como en un viaje emocional. En el cielorraso la película de mi vida.
De pronto sentí que  algo se movía del otro lado de la puerta.
Me levanté como si supiera.
Y ahí  me vi  otra vez frente al espejo, pero esta vez con el rímel diluido sobre mis mejillas, con la tristeza en los ojos.
Y ahí estaba ella también con las mejillas surcadas por la tinta negra.
La congoja le agitó el cuerpo,  al verla se me  heló la sangre y se  me hizo un nudo en la garganta.
Giró y me buscó con la mirada, como cuando era nena y me necesitaba, se tiró en mi pecho, me agarró las manos y lloró.
Sentí que su pecho ancho y alto me cobijaba y lloré tanto que creí que formaría un rio con mis lágrimas de nena, un rio tan largo que llegaría hasta algún otro lado.
Vi en su mirada pequeña y triste aquel rio que había atravesado el tiempo.
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El chico no me había venido a buscar y  ella pensaba que allí se le terminaba el mundo. 
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Qué iba a entender yo en aquel momento sobre que todo pasa,  que de eso se trataba la vida  un poco y que el amor duele.
Que le iba a decir ahora sobre mi corazón  destrozado, que iba a entender ella sobre que el amor duele y los hijos también.