16/03/13

ANAIS and HENRY


Mi Querida Anaïs,

¿Qué son las despedidas si no saludos disfrazados de tristeza? Lo mismo que el deseo y el placer de verte mientras te desnudas y te envuelves en las sábanas. Nunca has sido mía. Nunca pude poseerte y amarte. Nunca me amaste o me amaste demasiado o me admiraste como la niña que toma una lente y se pone a ver cómo marchan las hormigas y cómo, en un esfuerzo incasable y lleno de fatiga, cargan enormes migajas de pan. Qué son aquellas noches lluviosas en medio de la cama de un hotel. Qué el recuerdo de nuestros pasos por la calle, en el teatro o en la sala de conciertos. Qué son los recuerdos de los celos y de tus amantes y de June y de mis amantes.

Anaïs, no creo que nadie haya sido tan feliz como lo fuimos nosotros. No creo que exista en la historia del hombre y de la mujer un hombre y una mujer como tú y como yo, con nuestra historia, nuestras circunstancias; con aquello que se desbordaba en las paredes, el ruido de la calle y la explosión de tu mirada inquieta de ojos delineados en negro; con la sinceridad de tu cuerpo frágil y tu secreto agresivo e insaciable. El recuerdo puede ser cruel cuando estás volando febrilmente a tu próximo destino, a otros brazos que te reciban expectantes y hambrientos. El recuerdo de tu diario rojo que tirabas en la humedad de la cama entre tus labios entreabiertos y mis ganas de desearte. Te deseo. Te deseo con la desesperación y el anhelo de lo imposible y ya te has ido y tal vez, en un sueño imaginativo y romántico, leerás estas palabras una y otra vez, en medio de mi ciudad con la gente pasando en medio de las calles y la sorpresa en tus ojos y la gran dama con el fuego en la mano derecha.

Mi querida Anaïs, ma petite, ma jolie, infanta inquieta de sal nocturna. Te extraño cuando huyes de madrugada y te extraño cuando camino y me tomo un café en la calle; te extraño cuando June se acerca cariñosa y cuando paso por los grandes aparadores. Te extraño casi a todas horas: cuando escribo, cuando te pienso, cuando escucho las campanas que me anuncian que ya son las tres, cuando me acuerdo de las horas interminables entre humo y whisky, cuando tengo una comida que dura toda la tarde, también cuando me despido de ti cada día a la misma hora, cuando como en aquel lugar donde nos dio el aire y cuando escucho la radio. Adiós, Anaïs, adiós. Ya nos encontraremos en otras vidas y en otras vidas podré poseerte y quedarme contigo para siempre. Ya te veré en medio de la nieve y entre libros y vino. Adiós,

Henry 




(Carta de Henry Miller a Anaís Nin)

 
 

08/03/13

MI PLANETA FEMENINO


Mi vida tiene un altísimo porcentaje de conformación femenina, tanto como de agua el planeta y  mi cuerpo, y no me refiero a mis hormonas sino a las mujeres con que comparto cada día. Y es por esta razón y pensando en lo importante que son las mujeres en mi vida, es que  terminé convenciéndome de que no estaría mal sumarme al sin fin de buenos deseos para este 8 de marzo y 9 y 10 y 11 y 12...y...y
Para mi madre que aún me ve crecer, para mi maravillosa hija que también crece y se va haciendo grande, tan grande que ya puedo verla desde abajo y admirarla como a una gran mujer. Para mi hermana que me enseña cada día acerca de mis miedos, debilidades y limitaciones. Para mis hermanas de la vida  Paula  María y Carolina. Para mis compañeras de la universidad Silvia y Gisela, para mis nuevas y grandes  amigas con quienes comparto la maravillosa experiencia de escribir Cecy, Miralunas, Estercita, Cristina, Pauli. Para mis maravillosas  amigas con quienes vivo cada día en el ámbito laboral Gaby, Teresita, Fernanda.  Para mis buenas compañeras del trabajo, con las que me llevo más y con las que me llevo menos, porque de ellas aprendo más de mí que lo que aprendo con las que más quiero, Laura, Erika, Alicia, Cristina, Roxana, Ale, Dana, Noe, Naty, Sofi, Juli, Silvia, Silvana, Caty. Para mis flamantes compañeras de estudio de Counseling, para mis sobrinas Mary y Virgi. Para mi valiente cuñada Andrea. Para mi prima hermana Ana y sus hermosas hijas con quienes crecí. Para las lindas mujeres que eligieron mis hijos varones. Mención especial para la rubia más bonita, Mirta, que es mi hada madrina viajera. Para las amigas de mi hermana en Arrecifes que me dejan ser un poquito sus amigas y que tanto  entendieron y acompañaron a mi hermana, incluso cuando tuvo que cuidar de mí. Para las mujeres con las que seguiré viajando. Para mis médicas Graciela y Socorro. Para las mujeres con quienes intercambio de manera virtual y que también me aportan y hacen a lo cotidiano.
Para mi  luminosa abuela Ana, que aún y por siempre vive en mí.
Para todas un abrazo infinito.


Uy!! Una hermana que encontré ya de grande y de lejos a través del blog, una mujer manos patas Nieves y que ya será otro abrazo. 
 
 

20/02/13

DIFERENTES


"...Está asi lograda la democrática igualdad sexual. Intrigas de alcoba, con vencidos sin vencedores. Hombres y mujeres en el anonimato semioscuros de los cuartos luchan, sudorosos, para anular sus diferencias. Guerra imbécil, como todas, ya que el infinito placer de la paz sólo adviene cuando los distintos ofrecen generosamente sus diferencias para que el otro la goce."


Alberto Goldin  "Amores freudianos"

31/01/13

UN CHICO MALO

 


 Estoy muerta de miedo…y yo que pensaba que el miedo era cosa del invierno…de las noches negras y de tormentas, de truenos, de  vientos y de  puertas que se golpean…de lunas llenas, de sombras y telas de araña…parece que no…además... tal vez aún no me haya muerto del todo ya que puedo tomar conciencia del hecho mismo de tenerlo, de que lo estoy sufriendo y de que no es mentira ni exagerado lo que se dice sobre lo traicionero que es.  Desde que se me vino al cuerpo, al alma toda, no he tenido paz, me ha perturbado hasta el sueño y de ahí pasando por el humor al hábito de las comidas…todo se fue modificando desde que  apreció en mi vida…como si fuera un amante perverso y manipulador, esos que son tan difíciles de soltar. Fui encontrando algunas respuestas a cada cambio, convencida de que lo que decía era probadamente real…pero la cuestión se me fue tornando sospechosa en la medida en que las causas que le encontraba a mis cambios, no justificaban de ninguna manera el malestar que persistía por más intentos de no darle a las cosas más importancia de las que tenían…Este miedo se vistió de mil maneras, se hizo luz y sombras, me habló en distintos idiomas, supo camuflarse en los distintos momentos y lugares, se hizo mi amigo y mi enemigo, se enojó y me disculpó tantas veces como necesitó para hacerme entrar en razón de que él no era como yo lo veía…esta mañana, en cuanto se hizo la hora en que debías subir a tu avión para regresar, me di cuenta que esta porquería de malestar que siento no es ni más ni menos que un enorme miedo que se instaló en mí el día que te fuiste, y que no cederá de mi cuello hasta que no estés en tierra de vuelta con nosotros.
Cuando vuelvas a irte ya no será igual, habré aprendido a aceptar…me.




 

25/01/13

TEXTO ABRELATAS


Enero...
 

"¿ No juzgo? Sí, sí lo hago; me paso el tiempo juzgando. Me irritan muchísimo quienes nos preguntan, con mirada fingidamente horrorizada:  “¿ no me estará usted juzgando?” Pues sí, claro que lo juzgo, lo juzgo continuamente. Pero las sentencias que dicto no tienen repercusión en la existencia de los “imputados”.Concedo mi estima, o la retiro, dosifico mi amabilidad, dejo en suspenso mi amistad a la espera de pruebas complementarias, me distancio, me aparto, concedo un aplazamiento, hago borrón y cuenta nueva, o finjo que lo hago. NO comunico las sentencias, no doy lecciones, la observación del mundo no tiene en mi más consecuencia que un diálogo interior, un diálogo interminable conmigo mismo” 


Extracto del libro “los desorientados” de Amin Maalouf

Tomado del blog de mi amiga Ico

21/01/13

MEDIAS Y TACOS




La miré pintarse frente al espejo. Me mantuve callada, tratando de aminorar los latidos del corazón que me retumbaban en el pecho.
Mientras tanto ella se delineaba los ojos.
.
Tenía la mirada tan llena de gracia…!
 .
La vi como cubría de sombra sus parpados  y de rubor las mejillas. La vi ruborizada antes de encenderse al caer sus ropas, al caer su tiempo de niña, sus zapatos de moño y antes de perder sus ganas de ser la mamá de las muñecas.
La vi estirar su cabello y perfumarse el cuerpo. La contemplé emocionada y como si yo fuera la niña con quien ella ya no quería jugar más, solté un par de lágrimas. Me daba ternura aquella pequeña mujer que se soltaba de mi mano.
.
Había crecido tanto y en tan poco tiempo!
.
Se puso anillos y  aros de plata.
Medias  y tacos.
Se pintó lo labios.
Alisó su ropa, miró el reloj de la pared y se fue a esperar frente a la ventana.
Yo moví mi cuello tenso, suspiré por su entusiasmo mientras caminé en silencio para irme a dormir.
Me recosté inquieta, como en un viaje emocional. En el cielorraso la película de mi vida.
De pronto sentí que  algo se movía del otro lado de la puerta.
Me levanté como si supiera.
Y ahí  me vi  otra vez frente al espejo, pero esta vez con el rímel diluido sobre mis mejillas, con la tristeza en los ojos.
Y ahí estaba ella también con las mejillas surcadas por la tinta negra.
La congoja le agitó el cuerpo,  al verla se me  heló la sangre y se  me hizo un nudo en la garganta.
Giró y me buscó con la mirada, como cuando era nena y me necesitaba, se tiró en mi pecho, me agarró las manos y lloró.
Sentí que su pecho ancho y alto me cobijaba y lloré tanto que creí que formaría un rio con mis lágrimas de nena, un rio tan largo que llegaría hasta algún otro lado.
Vi en su mirada pequeña y triste aquel rio que había atravesado el tiempo.
.
El chico no me había venido a buscar y  ella pensaba que allí se le terminaba el mundo. 
.
Qué iba a entender yo en aquel momento sobre que todo pasa,  que de eso se trataba la vida  un poco y que el amor duele.
Que le iba a decir ahora sobre mi corazón  destrozado, que iba a entender ella sobre que el amor duele y los hijos también.



14/01/13

DE FINALES FELICES...



Encendí el primer cigarrillo un minuto después  del desayuno. Abrí la ventana de la cocina para que Ramírez salga al balcón ya que  parece que  a este gato  le molesta el humo.
Acto seguido prendí la notebook para chequear los correos  antes de empezar a trabajar sobre los pendientes para entregar en la redacción de la revista. Leo  “Rechazado” en el asunto de uno de los mail.
-What?
“Nena, no quiero más relatos que  torturan, entristecen y ponen  catatónico  al lector,   quiero un poco de circo en estas épocas del año. Finales felices, se entiende?
“Siempre Enero” no se publica con ese final. Abrí la cabeza y mandame otra cosa, algo como la gente, ya sabés de qué hablo. A ver si te sale  un Febrero con temperaturas más cálidas.
Beso tu trasero
Octavio”
-Qué te parió! vos y tu pasquín barato!
Varias vueltas alrededor de la mesa y un par de cigarrillos que fumé sin darme cuenta. Ramírez sentado en la ventana me miraba, le hubiera faltado hacer tamborilear sus patitas y poner cara de fastidio. Por suerte este gato no habla.
De pronto una idea me atacó y se me prendió sorpresivamente en la cabeza.
- Eureka!
Word nuevo y empecé…peluquería…promoción escrita en el cristal del frente del local “Masajes capilares, lavado y peinado $120.”
Entré, me recibió un gordito calvo que medía apenas un par de centímetros más que yo. Se deshizo en halagos y gestos de buena atención y así dejó de ser un gordo calvo y petiso y se convirtió en un gordo simpático.
Me indicó un sillón frente a un  espejo cruelmente iluminado y me envolvió con una  capa gris para proteger la ropa.  Me miré,  me vi…pálida, ojerosa, con una terrible cara de recién salida del hospital. Parecía víctima de alguna reacción alérgica, conjuntivitis  y congestión nasal.
-¿Cómo podes salir así a la calle?- me pregunté.
Cerré los ojos y decidí quedarme así hasta que fuera la hora de salir de la peluquería.
El gordito se paró detrás de mí, puso sus manos sobre mi cabeza y comenzó a revolverme  el pelo minuciosamente. Me preguntó mi nombre, y después dijo:
-Yo me llamo Dindy y si te parece bien vamos a empezar por unos masajes con una loción de trigo y avellanas con miel, te pido que te relajes y te dejes llevar a algún lugar bello y lleno de buena vibra.
“Dale gordito, loción de miel, buenas vibras!...dejate de joder y empezá, después de todo no tengo tanto tiempo”
Resoplé y dejé caer mis hombros, sonaba una música apacible mientras el resto de los sonidos del ambiente desaparecían. Mis manos estaban pesadas, quedaron literalmente  tiradas sobre mis muslos. Las manos de Dindy comenzaron a andar por mi cabeza, despacio,  las yemas de sus dedos haciendo pequeños círculos desde la  frente hasta la nuca…no quería abrir los ojos…sentí que mi cuerpo se iba entibiando como si estuviera tendida al sol…sus dedos hacían una leve presión en la coronilla e iban hacia los laterales…despacio… sentí el ruido de mi respiración y luego mis propios latidos…me mantuve inmóvil, ensimismada con la vista en un horizonte propio… con suavidad  fue transitando los surcos de mis oreja hasta terminar detrás de ellas,  yendo siempre y rozando suave hacia el cuello y  de allí  hasta la frente y… me acarició los ojos…  empecé a sentirme transpirada. Sus mano comenzaron a descender  hacia el cuello y como si hubieran tomado entidad propia, se fueron apoderando de mi cuerpo que se estiraba, se metieron entre mi ropa y mi piel, una por la espalda, dibujando arabescos… yendo nudo por nudo a lo largo de mi columna… la otra mano terminó con mi pelo para ir a acariciar mis pechos…me tocaba primero uno y luego el otro, paciente y sin detenerse…tenía las manos tibias… giraba sus dedos alrededor de mis pezones… mi cuerpo estaba perdiendo la flacidez que había ido ganando al principio … por la espalda descendía hasta llegar a la cintura, subía y bajaba, hasta bordear la línea de mis nalgas…lento y se acercaba y se iba, me hacía desear…su respiración se aproximó a mis oídos, su aliento  a mi boca…me observaba atento como si en cada gesto de mi cara o de mi cuerpo pudiera determinar que esperaba que me hiciera…y él lo sabía y entonces  tomo entre su índice y el anular mi pezón, comenzó a jugar y se divertía…de pronto me usurpó un calor profundo y di un alarido que podría haberse confundido con dolor, pero no lo era…era de puro placer. Todo pasaba  en el mismo momento que me decía al oído que yo era la puta más hermosa de la tierra… y yo tan cerca de acabar… y entonces ese par de manos  se metieron por cuanto recóndito espacio de mi cuerpo encontraron… me sentí una mujer deseada…y me excité más y más y entonces esas manos se apuraban y me seguían y la boca me alentaba al oído y me pedía que grite …me retorcí, me puse tensa, la mente repleta, las manos apretadas,  las piernas extendidas, y entonces  con desesperación… sucedió… un orgasmo… y me fui.  Al volver tomé una bocanada de aire para revivir a ese instante de muerte…algo así como si mi alma hubiera podido salir de mi cuerpo… y al abrir los ojos, volver.
Dindy continuaba detrás de mí con sus manos revolviendo mi cabeza, suspiré al verlo, estaba lindo y hasta parecía que había crecido en alto. Me sorprendí y él lo notó.
-No te asustes…te debés haber dormido y  has estado soñando, te moviste mucho…
Dejé de escucharlo cuando noté que estaba mojada…por primera vez había tenido un orgasmo  literalmente soñado.  Me miré en el  espejo y vi en mi rostro una sonrisa enorme que me lo confirmaba, vi  esa línea curva de la boca que todo lo endereza  y todo lo embellece.
Fin.

Releí e hice un par de correcciones.
-Esto viaja-me dije- acá tiene lo que quiere, después de todo yo no conozco un final más feliz que un buen orgasmo.






07/01/13

SIEMPRE ENERO


Me acodé en la ventana de la habitación del primer piso y eché una mirada panorámica al  paisaje. Me quedé absorto en la ropa colgada al sol en el tendedero, ubicado en el medio del parque. Desde siempre la ropa mecida por la brisa me provocaba  el mismo embrujo que el crepitar del fuego en un hogar o el incansable ir y venir del mar.
De pronto ella entró en escena caminando descalza por el  jardín, sus pies se hundían en el pasto alto y descuidado. Alguien dijo que el jardinero se había muerto la semana anterior y aún no lo habían reemplazado, otros aseguraron  que el tipo había quedado preso porque, al parecer, había intentado abusar de dos mujeres. Yo intuyo que se tomó hasta el agua de los floreros y se durmió la mona en algún baldío o en alguna calle tapado por un cartón y que no sabe cómo volver al barrio. De cualquier manera y a los efectos de describir el lugar, cualquier cosa que le hubiera pasado al encargado del jardín era intrascendente, ya que lo importante es que mencione que  las piernas de ella eran como larguísimos tallos traslúcidos caminos a su flor.  
Prosigo.
La mujer se acercó a la cuerda de la ropa. Se veía preciosa desde mi posición, estaba  vestida de blanco, envuelta en una tela fina y vaporosa que parecía que manoseaba su cuerpo y se enredaba entre sus piernas. Llevaba el pelo recogido con una hebilla a la altura de la nuca.
Que hermosa era...
De pronto levantó la vista hacia donde yo estaba. Me escondí de inmediato, me asusté, me ruboricé y se me aceleró el corazón, se supone que no debía verla en esa intimidad, estaba seguro que no le gustaría sentirse observada y que si se daba cuenta, dejaría de actuar naturalmente. Dejé que pasaran unos minutos y volví a espiar con cuidado. Y fue tremendo verla, ahora estaba dándome la espalda y  se quitaba el vestido, lo levantó despacio  desde la falda y lo estiró por sobre su cabeza, que supongo, habrá quedado tapada en el mismo momento en que se iban descubriendo sus nalgas redondas y rosadas. Preciosas.  
Y que espalda perfecta!
Quedó cínicamente desnuda,  parecía ajena a las circunstancias, como si no le importara nada. Luego de desnudarse por completo, se puso en cuclillas, extendió su vestido en el piso, lo alisó acariciando la tela con su mano y comenzó a doblarlo con una delicadeza tan  femenina que ya no  pude resistirme, una erección violenta  pegó contra el marco de la ventana en el cual continuaba apoyado.
Ella terminó con el prolijo doblez de su ropa, se puso de pie y quedó inmóvil por unos minutos mostrándose, pero simulando no saber que yo estaba allí. De pronto me descubrió, se mostró avergonzada y rápido estiró sus  delegados brazos, tomo una sábana blanca y se envolvió con ella desde los pies a la cabeza. Solo quedaron a la vista sus ojos negros y profundos.
Giré sobre mis pies y la vi. Ahora era ella la que me miraba asustada, escondida tras la sábana. Estaba ruborizada y agitada. Podía oír sus latidos exaltados y un sollozo ahogado, muy a pesar de la copiosa lluvia que ensordecía el ambiente.
Más miedo sudaba ella, más linda se ponía y más me excitaba yo.
Entonces tomé la pequeña tijera de podar y me dispuse a cortar la tela con la que se había cubierto para que no la vea desnuda, lo hice con mucha atención, como si estuviera teniendo que llevar adelante la poda más esmerada de mi vida. Mi padre me enseñaba el oficio y me decía que así debía trabajar un buen jardinero. Pero ella temblaba, llorisqueaba, no lograba quedarse quieta y por momentos la escuchaba chillar como una gata en celo. Me hizo poner nervioso y sin darme cuenta la tijera rozó su cuello. Entonces comenzó a brotar sangre de manera descontrolada, el miedo me paralizó y caí al piso de rodillas junto al  cuerpo pálido que se desangraba…  como cuando  era chico y caía al piso tras alguna paliza que me ganaba por haberme portado mal, por escuchar tras las puertas o por espiar…mi mamá a veces gritaba como una gata   y yo escuchaba. Un día de lluvia en pleno enero ya no pude soportar escucharla gemir, se había metido al cuarto con el marido de la tía  y  cuando él se fue, y aprovechando que el borracho de mi padre se había perdido en una curda, la maté…pero la muy desgraciada nunca termina de morir, y cada enero vuelve.




05/01/13

NUESTROS TIEMPOS


 


Hoy leía a alguien, que ya pasa los cuarenta y pico, decir que a partir de ahora comenzará a vivir y que lo hará sin pausa ni prisa.

Y entonces pensé  que en esto de andar viviendo hay momentos de mayor conciencia de que lo estamos haciendo. 

Creo que ese es el tiempo donde uno se propone vivir más centrado en uno mismo y con una mirada más amplia y realista. 

Creo que no por esta toma de conciencia debemos ignorar que antes también  hemos estado viviendo, tal vez de una manera diferente a la que nos proponemos ahora. 

Creo que así somos justos y benevolentes con nosotros mismos y todos nuestros tiempos.

Creo que plantearnos la vida como trozos inconexos es olvidar lo aprendido de lo vivido.

Creo que la vida es un trayecto, un camino que  iniciamos en un cierto momento y se termina no sabemos cuándo, si es que se termina. 


17/12/12

UN MODO DE ESTAR

 



"Nos habíamos distanciado él y yo. Un distanciamiento no significa gran cosa, aunque resulte definitivo, a lo sumo una manera de convivir...Eso no me impedía pensar en él, sentir su mirada fija sobre la página del libro o del diario que leía y preguntarme: ¿Qué dirá él de esto? ¿Qué diría de esto ahora?"


Jean-Paul Sartre refiriéndose a Albert Camus





09/12/12

DUCHAMP ENFRENTA UNA DAMA

 
 

Marcel Duchamp y Eva Babitz



07/11/12

FIGURA FONDO






Sus nalgas  se hicieron figura sobre un fondo de agua y cielo azul.
Quedé cautivado por las redondeces de sus caderas que iban ocupando el primer plano mientras ella se arrodillaba frente al rio y miraba su cara que se ondulada al  reflejarse en el agua.
De pronto dejé de escuchar la tímida declaración de amor que estaba haciéndome y sentí que el tiempo  se detuvo por el lapso suficiente como para agitar sobre sus nalgas la rama con la que dibujaba arabescos sobre la tierra.  Al escuchar el latigazo que cortaba el aire en dirección a su trasero, recobré la lucidez y tome registro de mi acto cuando ya la rama impactaba filosa sobre la tela liviana del vestido que cubría su cuerpo.
Se me heló la sangre y mi cara aterrada quedó a la espera de  su mirada enfurecida. Sin embargo la vi levantar la vista  y girar la cabeza  hacia mí con una mirada  confundida.
Ambos  quedamos paralizados sin entender que era lo que estaba sucediendo. Me arrodillé cerca de ella convencido de haberla dañado y poniéndome al  alcance de los  insultos que esperaba, pero que nunca recibí. Seguí sin hallar más que una expresión asustada y mansa en aquella mirada suya tan parecida a la que solía atravesarme cuando se desmoronaba en un orgasmo debajo de mí.
Se había excitado.
Intuí que su inmovilidad no tenía que ver con una ofensa sino con el pedido inconfesable de que volviera a hacerlo.
Me pudo su ternura y ese olor tibio de su cuello sudoroso por la excitación, que siempre era infalible   en su cortejo. El tiempo volvió a detenerse y allí mismo le enredé las manos con la tela de su pollera y como si fuera un cuatrero desaforado le tapé la boca para que no grite los gritos que no daría, le arranqué a girones la ropa interior y embestí  entre sus piernas sin humanidad.
Mientras sentía que la hería, mientras sentía el poder que ejercía sobre ella, mas allá de la fuerza con que continuaba invadiendo su cuerpo, mientras mojaba su cara con el sudor de la mía, no aparté mis sentidos de sus gestos y su pulso, y solo advertí en ella un placer extraño pero tan profundo como nunca había percibido.
Y la cuidé como nunca y la gocé como por primera vez en mi vida.


30/10/12

KAWABATA


 
"...En medio del acto sexual, un hombre repara en que le ha sacado unas gotas de sangre al pecho de su amada, no entiende cómo. Ella tampoco, cuando él se lo hace ver después del orgasmo: ni siquiera puede localizar el punto de donde salieron esas gotas de sangre. En la vida de ese hombre, esa joven terminará siendo únicamente ese momento: aquel en el que aprendió que los labios pueden, si son lo suficientemente suaves, sacar sangre del cuerpo amado sin que duela, más bien al contrario..."
 
 
 
Autor: Yasunari Kawabata
 
 

30/09/12

AYER FUE...

 
El dìa internacional de la paz...
 


Què valga para todos los dìas!!

22/09/12

OFELIA

 


Nunca pensé que Juan se enamoraría de mí luego de conocerme mientras yo me masturbaba entre las góndolas de un supermercado chino.

Durante bastante tiempo mantuve el prejuicio de pensar que mi actitud solo podría haber generado en él, el hambre que era capaz de despertar una puta. Él dice  que en ese momento solo quedó sorprendido ante una escena inesperada que lo sacó precipitadamente de la imagen de un trapo de piso que era lo que estaba buscando.

Pasó en verano, en una tarde insoportable donde la temperatura de más  de 34 grados había ahogado la ciudad y  la había dejado casi desierta. Una puerta, no importaba cual, era lo que yo  buscaba en aquel momento, un lugar donde resguardarme del calor. La de aquel supermercado resultó ser la indicada. Cuando se abrió sentí el fresco que paulatinamente me fue reconfortando. No sólo buscaba allí sacarme el sofoco de mi caminata, sino también un espacio que me apartara del deseo de satisfacerme sexualmente.

Caminé con la cabeza gacha por los estrechos pasillos, entre las estanterías atestados de mercadería polvorienta,  miraba hacia el piso. De pronto vi pasar a mi lado un par de ojotas descoloridas sobre la cual se rebalsaban un par de pies sucios, con las uñas largas. Una extraña repulsión hizo que levantara la cabeza para encontrarme con la cara de un joven oriental que no me quitó la vista de encima hasta que se perdió detrás de una góndola.

Sentí el olor a la carne que salía de la heladera ubicada al fondo del pasillo, caminé hasta allí. Ya no sentía calor, pero, ni el fresco, ni  aquel fuerte, espeso y abombado olor a carne,  desalentaban  mi excitación, todo por el contrario, la potenciaba. Entonces, y ya sin pensar, como aquejada por una borrachera,  todo se apagó detrás de mis parpados. Me agaché para tocar mis rodillas y sentir como mis manos rozabas despacio la piel de mis muslos y se metían tras el ruedo de la pollera  para  llegar a mi entrepierna…allí sentí  la carne húmeda y aquel olor de su entrepierna que no podía quitarme de la cabeza. Y ya no pude, no solo detener mi excitación,  sino tampoco el terrible  orgasmo que sucedió luego de agitar mis manos de manera frenética, mientras que mi espalda hacia tambalear una fila de escobillones que colaban de un estante.

Mantuve los ojos cerrados hasta que el calor de mi cuerpo volvió a desaparecer  y aquel fuerte  olor a carne se tornó  desagradable e invasivo. Entonces al abrir los ojos  vi a Juan por primera vez parado delante mio sin sacar su vista de mis piernas.  Quité mi mano de debajo de la pollera y me limpié disimuladamente sin dejar de observar su pálida rigidez. De pronto su voz le puso existencia a su cuerpo inmóvil,  me preguntó con voz monótona,  sí tenía bombacha.

Le dije que no.

Luego me preguntó cómo me llamaba.

- Ofelia- dije.

-Yo Juan- dijo él

Su cara fue recobrando los colores y para mi sorpresa lo escuché que me pedía disculpas.

-Lo que vi fue lo más maravilloso de mi vida- dijo.

Y justo cuando estábamos en la formalidad de las presentaciones, una señora china, enojadísima, apareció tras los baldes plásticos. Gritaba en su idioma, inentendible para mí,  se movía con ademanes exagerado y señalaba las cámaras del circuito cerrado de televisión y a un joven que estaba frente a uno de los monitores y que se pasaba la mano por sus genitales motivado por las imágenes que se habían transmitido a cada rincón del supermercado. 

Ya no había más razón ni posibilidad de quedarme allí, de modo que sin demorarme un segundo emprendí la marcha hacia la puerta de salida acompañada por los gruñidos de aquella mujer desencajada que se controlaba para no golpearme.

Cuando estuve en la calle y nuevamente envuelta por el calor asfixiante, me di cuenta que detrás mio venía caminando, silencioso, el muchacho que había conocido entre las góndolas. Caminamos así, sin pronunciar palabras un largo rato. Yo imaginaba que cuando menos lo esperara  desaparecería de mi vida, detrás de cualquier esquina, como tantos otros descubridores de  mis debilidades, pero no, aquel no abandonó mi paso.

-¿A dónde vas?- le pregunté.

- Realmente, y por primera vez en mi vida, no lo sé...

Yo seguí en silencio y él a unos pocos pasos detrás de mí, parecía un perro, lo único que le faltaba era ladrar.

Estoy  segura que eso me enamoró de él, su fidelidad, su ternura y su incondicionalidad.

 

27/06/12

EL PAÑUELO ROJO

“Al ejercer mi propio y humilde esfuerzo creativo, pongo mi
 confianza en lo que aún ignoro y en lo que aún no he hecho”
-Max Weber-



Pedalee tan fuerte como pude. Me empezaron a picar las piernas, como si la sangre ya no entrara en ellas y quisiera rebalsarse.
 Llegué a casa y entré la bicicleta.
Tuve la sensación de que había andado escapando de alguien. Sentí la transpiración helada por debajo de la ropa y un gran cansancio. Me desplomé en una silla cerca de la ventana.
Sorpresivamente me di cuenta que no había logrado escapar y que tampoco había podido burlar al anónimo,  noté que caminaba directamente hacia donde yo me había sentado mientras que alguien nos miraba. Sus pasos sonaban livianos. Me dio miedo, hubiera queridos salirme del cuerpo y desaparecer, pero  a menos de unos  segundos de intentarlo, sentí un calor intenso sobre mi espalda aun helada. Una mano  suave y desconocida se movía despacio dibujando pequeños círculos que  fueron entibiándome la piel. Ya no quise moverme y  dejé mi cuerpo ahí, quieto, ablandándose de a poco y dejándose acariciar.  
Hubo un largo rato de silencio y caricias suaves  que no iban mucho más allá de mi espalda y  mis hombros. Por momento un par de yemas trepaban hasta  mi cuello pero parecían caerse como dando pequeños pasos de regreso. No quise ni pestañear para no romper el clima en que me encontraba y cuando me decidí a hacerlo me encontré con el  pañuelo rojo ajustado sobre  mis ojos.
Desde algún lugar alejado escuché otra vez aquella pregunta, las letras se iban deshilvanando de a poco mientras yo flotaba en el aire en los brazos ajustados de esa persona que no sabía quién era ni podía ver.  Alguien a lo lejos volvió a preguntarme  si quería seguir adelante y cuando iba a contestar sentí mis piernas rozando las sabanas frías y las palabras que se quedaron calladas dentro de mi boca.
De pronto como si me fuera deslizando despacio,  movida por una fuerza ajena a mí, fui percibiendo que el espacio se movía  a mí alrededor.  Recuerdo dos voces distintas, manos y  caricias por todo el cuerpo, olores conocidos y otros no tanto, el sabor del vino en mi boca y en mi cabeza, pieles diferentes, labios que no eran míos, voces que no decían nada y mi cuerpo en permanente movimiento en manos de otros. Sentí que me tomaban de la cintura, mi boca  rozando la tela áspera de la sabana y la dificultad para respirar. Un cuerpo extraño se apoyaba por detrás de mí. Y otra vez el vino que me giraba por el cuerpo.  
Una mano me tomó del abdomen y me elevó,  trataba de sostenerme, mientras que por detrás sentía que me empujaban e intentabas acomodar mis piernas pesadas.
Momentos después todo comenzó a lentificarse y las voces, las manos y los cuerpos se fueron alejando hasta que dejé de sentirlas. Se habían ido.  Ya no supe más de mí hasta despertarme con la luz del sol que me pegaba en la cara.
Sentí un ruido estrepitoso y al abrir los ojos vi la bicicleta que se había caído delante de mi silla, y cerca de ella, en el piso,  mi ropa humedecida por el sudor frio de esa tarde a la orilla del rio.