Creo que las musas inspiradoras existen, pero que no plasman las ideas sobre el papel, salvo que se corporicen y les prestemos las manos para concebirlas. De modo que para convocarlas, he aprendido que es necesario tener constancia y conducta para poder escribir, en otros terminos, transpirar la camiseta.
Y es allí cuando suele pasarme, que mas allá del esmero que le ponga a la cuestión, algunas veces me encuentro detenida, inventándome cosas por hacer, justo en el momento en que registro que lo que quiero poner en letras, tiene íntimos puntos en contacto con algunos sentimientos propios. Algunos ásperos y difíciles de sacar, de ponerlos afuera.
Hace un tiempo atrás, mientras escribía una historia que aun guardo, esperando que algún día pueda volver a retomar, y queriendo avanzar en un capitulo, me dí cuenta que por mas intentos que hacía, me era imposible escribir dos oraciones seguidas. La pelee hasta que mi cuerpo dijo basta, llegué a sentirme mal, al punto de decidir que lo mejor era abandonar e irme a la cama a esperar que se me pase.
No he podido retomar aquella historia, tal vez por que había en ella demasiada cuestión personal.
Entonces puse mis energías en otra historia, a mi criterio bien digna de ficción, pariendo personajes desde la observación y la imaginación, jugando con ellos a mi gusto y antojo. Y hoy, mientras la misma avanza y los personajes siguen cobrando vida propia cada vez que abro el archivo para ir por ellos, comprendo también que aún en ellos hay tanto de mí, que de la misma manera que con la historia anterior, a veces se me hace difícil avanzarla.
A pesar de comenzar desde la mas fría ficción tengo tendencia a irme hacia terrenos hondos de mi misma, dejándome fluir de manera descontrolada y desparramada, para luego, al leer lo que escribí, interpretar a ese ejercito de hormigas que atacaron mi pc, y enterarme de que era lo que quería decir o dejar salir a través de esta forma de expresión que he elegido.
Cuando hago esto, que es indefectiblemente mi estilo, visceral y sin premeditación, entiendo y vivencio que “el que escribe no sabe” y tiene la posibilidad a partir de ello, de conocerse un poco mas al leerse (el que quiere, obviamente).
Releerse no solo es un ejercicio necesario para la corrección de un texto, sino que para mí, que hoy por hoy me animo, es una aventura de encuentro conmigo misma desde los personajes que sin duda y desde algún lugar, hablan inevitablemente de mí.
Escribiendo Sociedad Conyugal.
La frase que le da título al post no es mía y no recuerdo de quien es, si alguien sabe me tira el dato, si?
Y es allí cuando suele pasarme, que mas allá del esmero que le ponga a la cuestión, algunas veces me encuentro detenida, inventándome cosas por hacer, justo en el momento en que registro que lo que quiero poner en letras, tiene íntimos puntos en contacto con algunos sentimientos propios. Algunos ásperos y difíciles de sacar, de ponerlos afuera.
Hace un tiempo atrás, mientras escribía una historia que aun guardo, esperando que algún día pueda volver a retomar, y queriendo avanzar en un capitulo, me dí cuenta que por mas intentos que hacía, me era imposible escribir dos oraciones seguidas. La pelee hasta que mi cuerpo dijo basta, llegué a sentirme mal, al punto de decidir que lo mejor era abandonar e irme a la cama a esperar que se me pase.
No he podido retomar aquella historia, tal vez por que había en ella demasiada cuestión personal.
Entonces puse mis energías en otra historia, a mi criterio bien digna de ficción, pariendo personajes desde la observación y la imaginación, jugando con ellos a mi gusto y antojo. Y hoy, mientras la misma avanza y los personajes siguen cobrando vida propia cada vez que abro el archivo para ir por ellos, comprendo también que aún en ellos hay tanto de mí, que de la misma manera que con la historia anterior, a veces se me hace difícil avanzarla.
A pesar de comenzar desde la mas fría ficción tengo tendencia a irme hacia terrenos hondos de mi misma, dejándome fluir de manera descontrolada y desparramada, para luego, al leer lo que escribí, interpretar a ese ejercito de hormigas que atacaron mi pc, y enterarme de que era lo que quería decir o dejar salir a través de esta forma de expresión que he elegido.
Cuando hago esto, que es indefectiblemente mi estilo, visceral y sin premeditación, entiendo y vivencio que “el que escribe no sabe” y tiene la posibilidad a partir de ello, de conocerse un poco mas al leerse (el que quiere, obviamente).
Releerse no solo es un ejercicio necesario para la corrección de un texto, sino que para mí, que hoy por hoy me animo, es una aventura de encuentro conmigo misma desde los personajes que sin duda y desde algún lugar, hablan inevitablemente de mí.
Escribiendo Sociedad Conyugal.
La frase que le da título al post no es mía y no recuerdo de quien es, si alguien sabe me tira el dato, si?
