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Mostrando entradas de diciembre, 2008

VIENTO

Es de noche. Los dos fumamos, y nada nos puso contentos.
El duerme arriba, calladito, ni siquiera habla dormido, ni ronca, ni se mueve. No quiso tener sexo.
Yo prefiero escribir en la cocina.
Una tras otras, las gotas de agua, de la canilla, golpean sobre el acero de la pileta.
Exactamente una cada tres segundos.
Detrás suena el motor de la heladera, despacio, allá abajo, como ahogado pero constante.
Afuera, la brisa lenta, peina la arboleda de la calle.
No se escucha nada más.

Todo se me hace lejano… como si me estuviera yendo.

Lleno varias páginas de un cuaderno, de garabatos mareados.
Cuando ya no tengo mas para pensar ni decirme, solo tragar con dignidad el bocado amargo de la despedida, subo y me acuesto al lado de él.

Pronto el sueño me pudo, pues solo registro el amanecer.
El abre las cortinas y la luz del día se mete en el cuarto.
Hay en el espacio una incomodidad palpable, silencios nada habituales y una dilatación poco frecuente para enredarnos y terminar haciendo el amor.

Junto todas mis…

Pasarlo por uno

Ella lloraba la impotencia ajena mientras miraba, tirada en el sillón blanco del living, la película de Schnabel.

En 1985 Jean-Dominique Bauby, de 43 años, redactor jefe de la revista francesa Elle, sufrió una embolia masiva. Salió de un coma 20 días más tarde y descubren que es víctima del "síndrome de cautiverio", por lo que queda totalmente paralizado, no pudiendo moverse, comer, hablar ni respirar sin asistencia. Se convirtió en un prisionero de su propio cuerpo, siendo solo capaz de comunicarse con el exterior mediante el parpadeo de su ojo izquierdo.

Su historia dio lugar a la realización de la película “La escafandra y la mariposa”, dirigida por Julián Schnabel.

Bauby se mantuvo vivo, en un cuerpo muerto. Su ojo le sirvió para dictar lo que sentía y le sucedía.

Diez días después de la publicación de su libro, se liberó a través de la muerte, del cautiverio de su propio cuerpo.

Ella siguió llorando la impotencia propia, la de lo inalcanzable, la de lo imposible, la de lo in…

RETIRO

Retiro, 24 de diciembre de 2008

Aquí todo el mundo espera, agarrados de sus equipajes, en pequeños grupos o en soledad.
Un pasaje en mano con el destino señalado.

De fondo sonoro, los motores encendidos de los ómnibus próximos a partir, murmullo de voces entremezcladas, un altavoz que va anunciando las salidas o entradas de los micros, e indica el número de plataforma para la partida.

Pasa, excedida en kilos, oprimida por una bermuda floreada, la típica señora con el sombrero de paja y antiguas gafas de sol.

La madre abnegada, acalorada, resignada, arrastrando entre malabares, bolsos, bolsitas, cajas y al energúmeno hijo adolescente, recién levantado de su cama, apenas peinado, con cara de “¿A dónde vamos?, conectado de sus orejas a un mp3.

El yupi que solo se quitó la corbata y cambió sus zapatos por un par de zapatillas blancas. Relajado entre una tribu indiferente que no le presta atención.

Las chicas modernas, lindas ajustadas, que hasta hacen combinar el color de las ojotas con e…

Anita S.

La encontré en un bodegón de San Telmo frente al Parque Lezama. Sí, imagino que estarás pensando:”Quien diría que ibas a andar por allí, si el parque Lezama solo existía para nosotros a partir de Rolando Rivas y obviamente por televisión.”
Bueno, allí estaba, jamás hubiera reparado en ella sino fuera por que su certeza de quien era yo, hizo que se me parara adelante y pronunciara mi nombre insistentemente y con tono de pregunta.
La miré y de inmediato entendí que era alguien a quien yo debía conocer, pero por mas esfuerzo hecho no podía saber de quien se trataba. Lentamente fui encontrando algunos indicios en su rostro de que ahí había alguien de mi pasado. Mientras ella se sonreía, jugando con mi confusión, sin mediar preámbulos le solté la pregunta antipática, que no le borró el brillo a sus ojos: “¿Quién sos?
Me gritó su nombre y, en la sorpresa, nos agarramos fuerte en un abrazo.
Las imágenes y los recuerdos comenzaron a agolparse en mi cabeza como cuando caen las fichas en un tragamo…

Alguien ya dijo lo que yo te deseo.

UN POEMA DE SIGLO XIX
Por Víctor Hugo

Te deseo primero que ames, y que amando, también seas amado.
Y que, de no ser así, seas breve en olvidar y que después de olvidar, no guardes rencores.
Deseo, pues, que no sea así, pero que si es, sepas ser sin desesperar.

Te deseo también que tengas amigos, y que, incluso malos e inconsecuentes, sean valientes y fieles, y que por lo menos haya uno en quien puedas confiar sin dudar.
Y porque la vida es así, te deseo también que tengas enemigos. Ni muchos ni pocos, en la medida exacta, para que, algunas veces, te cuestiones tus propias certezas.
Y que entre ellos, haya por lo menos uno que sea justo,para que no te sientas demasiado seguro.

Te deseo además, que seas útil, mas no insustituible. Y que en los momentos malos, cuando no quede mas nada, esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie.
Igualmente, te deseo que seas tolerante; no con los que se equivocan poco, porque eso es fácil, sino con los que se equivocan mucho e irremediablemente, y que hac…

Traducción mas próxima de Palabras Descalzas

Una vez que te saliste de tus zapatos, llevas desnudos los pies.

Tu metro setenta se convierte en tu metro sesenta.

Tenés los pies apoyados sobre la tierra, podés hundirlos en la arena, dejar huella inequívoca en la playa húmeda.

Podés sentir la frialdad del mármol y la calidez de la madera.

Podes sentirte cómodo, en mayor equilibrio.

Podés meterte entre las sabanas.

Palabras descalzas

Una vez que te saliste de tus zapatos, llevas desnudos los pies.

Tu metro setenta se convierte en tu metro sesenta.

Tienes los pies apoyados sobre la tierra, puedes hundirlos en la arena, dejar huella inequívoca en la playa húmeda.

Puedes sentir la frialdad del marmol y la calidez de la madera.

Puedes sentirte cómodo, en mayor equilibrio.

Puedes meterte entre las sabanas.