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MUJERES

El Año Nuevo se recibe de blanco.

A minutos de haber recibido el 2009, el cielo negro se convirtió en un campo de luces, a lo largo de toda la costa, los fuegos artificiales colmaron el paisaje e iluminaban de colores, las crestas blancas de un mar furioso. Desde el techo del hotel, un bombardeo de luces y formas.
La imponencia del espectáculo no era privativa de la emoción.
Las voces se unían en exclamaciones maravilladas, ante un cielo abierto y generoso que recibía la algarabía de los que estábamos sobre la proa del barco encallado en un médano. Encantados por el viento, la bruma del mar, y las burbujas del champagne.

Un personaje propio del lugar animaba la fiesta, un Juancito afeminado y encantador, desfachatado y suelto, iba marcando los momentos de la noche. Tras los fuegos artificiales anunció el baile y la música estalló frenética en la playa.

Como una pequeña espiga dorada , una mujer, también vestida de blanco, con un solero suelto, ingenuo y sensual, con los hombros apenas cubiertos por un chal suave que le acariciaba los hombros, salió a la pista.
La música entraba en su cuerpo y al ritmo que la llevara, ella parecía traducir los tonos con cada movimiento.
Quedé subyugada, era un placer verla bailar, ir y venir, agitar su cuerpo, sus piernas, que aparecían al descuido de los tajos altos de su vestido. Su pelo flotaba con el viento. Bailaba descalza, sus pies levitaban.
La música iba cambiando de ritmos y ella no se detenía, le danzaba a su compañero, lo seducía, con el cuerpo, con la mirada, con una sonrisa franca que jamás dejó de estarle en la cara.

Me ubiqué desde donde pudiera observarla, no se sentía molesta ante las miradas, por el contrario, mas seducía, mas bailaba.

Ella seguía bailando, yo la miraba.

Juancito puso el piloto automático a la música, se produjo para participar como uno más de la fiesta y se dejó llevar. Desfachatado, simpático y carismático, fue haciendo su juego hasta llegar al hombre que bailaba seducido por su mujer.
Ella le sonrió y le dejó lugar. Su compañero la miró cómplice y tras guiños encontrados, ella los dejó bailar, Juancito deliraba, el hombre se divertía y la mujer los retrató en una foto. Se dio vuelta y dijo: - Sus compañeros de trabajo se van a morir cuando vean esta foto.
Nos divertíamos.
Le dije que era un placer verla bailar. Se mostró feliz, agradecida, y solo hacia referencia a que la música la mareaba apaciblemente, que le daba sentido a su vida.
Me contó que era médica, que venían de la capital. Allí todos éramos de algún otro lugar. Desconocidos. Anónimos.

Nos despedimos.
Aquella mujer atrapante, mientras bailaba, enamoraba.

Comentarios

  1. estoy profundamente emocionada con tu relato... tiene tanto de poesía..
    eso que toca al alma, que hace a las palabras intangibles y colmadas de sentimento

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  2. No se porqué, se me antoja, ver la conversación entre la Magah y la mujer que baila, de lejos...Por la música alta, ellas se hablan al oido, sus labios y sus oidos se cruzan,una vez cada una, a izquierda y derecha a derecha e izquierda. Así, a lo lejos parece una antiguo baile sensual , el principio de algo que quizás dure solo esa noche. En un momento las dos se miran a los ojos y sonríen, estan a centímetros... entonces una de ellas hunde su boca en su copa de champagne, para ponerse a salvo... claro que un segundo después, se arrepiente...

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  3. Tu narración seduce igual que la mujer de blanco… ella: "mas seducía, mas bailaba"; yo mas leía, mas cautivada estaba. Me he quedado con las ganas de leer mas… Un saludo.

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  4. Marianach a mi me emociona lo que decís. Me retroalimenta, me toca el alma.

    Gracias.

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  5. Kapitan, me gusta la palabra "antojo", es, sin duda, en este mundo de la imaginación, posible su antojo.
    Supongo que la Magah se ha puesto a salvo, pero es también posible que se arrepienta.

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  6. Ileana, me alegro, muchas gracias.

    Magah (la mujer de blanco)

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  7. me cautivo esa mujer bailando en la arena , me encantaria bailar en la playa dejando mis huellas en la playa !!!!!!!!!!!!!

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