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Sabina:
No quiero hablar de mí. No quiero contarte mi historia, solo llegué hasta aquí y no importa como.
SaBiNa:
Tu vida me resulta un misterio, apenas sí se que preparás el mejor arroz con leche que he comido en mi vida- Le contestó tratando de acomodar su cabellera colorada.
Sabina:
Estoy segura que podrías hacer una lista de algunas otras cosas que has sabido de mí con solo mirarme y sentirme. Sabés de mi pelo negro, de mi piel blanca, de sus marcas, de sus caprichosos pliegues en mis pechos y que hoy estoy acá.
SaBiNa:
Eso es solo lo que veo.
Sabina:
Alguna vez podré dejar de ser eso que ves? Uno se teje entre lo que es y lo que el otro enlaza, como todos, somos una trama que se teje de a dos.
SaBiNa:
¿Más arroz con leche?
Sabina
Sí, con mucha canela…
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14/5/10
12/5/10
SABINA Y SaBiNa
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La luz del mediodía pega sobre el vidrio de la ventana y se mete amarillenta y calida en la cocina. Sabina, cerca de la mesada, solo vestida con una bombacha blanca, vierte leche en un recipiente. El sonido de una respiración próxima la saca de sus pensamientos. Ve de reojo que la mira desde la puerta, viste solo una bombacha. Enciende la cocina y pone el recipiente al fuego. Ella no se mueve, solo la mira. Sabina espera ver sobre la superficie las burbujas que indiquen que el líquido blanco toma el primer hervor. La piensa, la ve mirarla, le gusta saberla ahí. La excita su presencia. Mientras revuelve, vuelca el azúcar como una leve lluvia. La siente detrás suyo, ahora la piel a escasos centímetros le irradia calor. Siente sus pezones provocando su piel. La leche burbujea en cámara lenta. Siente su mano delgada que le corre el pelo hacia su pecho, suave, tierna. Va agregando el arroz a cucharadas, una tras otra y entre una y otra le va besando la espalda desnuda, dulce. El vapor blanquecino se entremezcla entre las partículas del haz de sol. El espeso hervor va tomando el aroma de la vainilla y mientras se arremolina en su melena roja, Sabina se deja besar mas allá de su espalda, donde sabe la canela.
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SABINA
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Caminó despacio hacia el cuarto con la bandeja para dos entre sus manos delgadas.
Sabina olió el café en su piel y las tostadas entre su cabellera colorada. Dejó la ensoñación entre sus piernas y cuando hubieron terminado, bebió y untó con mermelada cada una de las tostadas.
-¿Te preparo el desayuno?- Preguntó desde la cocina.
- Sì, me gustaría tomarlo en la cama, desde la ventana se ve el cielo y está muy azul. No quiero perdérmelo.- Le contestó Sabina.
- Sì, me gustaría tomarlo en la cama, desde la ventana se ve el cielo y está muy azul. No quiero perdérmelo.- Le contestó Sabina.
Caminó despacio hacia el cuarto con la bandeja para dos entre sus manos delgadas.
Sabina olió el café en su piel y las tostadas entre su cabellera colorada. Dejó la ensoñación entre sus piernas y cuando hubieron terminado, bebió y untó con mermelada cada una de las tostadas.
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