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Volvió de la calle trayéndome un libro de regalo. Me lo entregó dedicándome una mirada amplia.
Me alegró su detalle e intenté demostrárselo mientras quitaba el papel azul en que venía envuelto.
-“Mas allá del Jardín”- Leí en voz alta.
Vi que me estaba mirando y proseguí:
- Antonio Gala.
Su mirada seguía atentamente cada uno de mis gestos y movimientos.
-“Una mujer en busca de si misma” – y concluí con la lectura de la tapa.
Sonrió y se dio vuelta hacia el balcón. Comenzó a hojear el libro que se había comprado para él.
-No tiene dedicatoria le dije- me gustaría que me escribas algo en la primera hoja.
Le extendí el libro y me quedé con su misma quietud, absorta, mirando su espalda y su postura pensativa.
Por fin garabateó algo y me lo entregó. Busqué la primera hoja y vi que sólo decía su nombre, la fecha y había dibujado una pequeña cara, que aunque quiso ser pintada con una sonrisa, parecía llorar.
-A veces las palabras…-dijo, he hizo un gesto con la mano, como si las mismas se le hubieran disuelto en el aire.
Ese fue el último día que nos vimos, porque a veces las palabras no tienen nada que decir.
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