Ir al contenido principal

CARTA A UN SEÑOR DE LA CALLE SUIPACHA.

Don Julio, usted sabe que yo siempre lo recuerdo, pero he de confesarle que últimamente lo he hecho mucho más.
Resulta que hace un par de días al volver a casa ya entrada la noche, comencé a sentir extrañas sensaciones en mi cuerpo, movimientos y ruidos internos realmente desconocidos, y por lo tanto desconcertantes.
Le diré que dentro de la desgracia de lo sucedido, fue una suerte que el asunto tuviera un rápido desenlace, y que antes de que terminara de preguntarme por tercera vez qué me estaba pasando, la razón de mis malestares me fue revelada. Vomité un sapo. Sí Don Julio, y no un sapito, un sapo adulto y verdadero. Un sapo mayúsculo y bien crecido.
No voy a ocultarle que por breves instantes fui presa de la desesperación, pero casi de inmediato usted se me apareció en la mente y recordé aquella carta en la cual usted le contaba a Andree a cerca de los conejitos que usted vomitaba.
Qué suerte fue haber sabido de su caso amigo, porque de no haberlo hecho, hubiera vivido momentos mucho más penosos, sin saber que estaba aconteciendo, o como usted dice, qué estaba yo, haciendo acontecer.
De cualquier manera Don Julio, usted imaginará que no es lo mismo vomitar delicados conejitos que amorfos sapos, húmedos y ásperos.
Le cuento que he copiado su técnica y para sacar a cada uno, me he metido los dedos en la boca como una pinza abierta. Así he agarrado a cada batracio por sus patas y luego, con un fuerte tirón, los arrancaba de mi boca dejándolo caer al piso. Cuando salió el tercero en el término de una semana, ya estaba absolutamente práctica en el asunto y con cierto arte lograba sacarlos casi sin sentir la desagradable sensación de su piel rugosa por mi garganta.
A raíz de lo que le voy contando, y como le decía al principio, pensé mucho en usted, y no puedo darme cuenta aún por qué razón usted aceptó con tanta resignación este contratiempo, sin buscar la causa y manteniendo el secreto tan celosamente.
Y es en este punto donde me encuentro en problemas, ya que mi espíritu curioso es el que me está llevando a querer saber de que se trata, y en el afán de encontrar a alguien que pueda ayudarme, le he contado a la profesora de química que viene a dar clases particulares a los pibes del barrio.
Se rió Don Julio, y lo hizo de una manera tan desfachatada, que entendí rápidamente que creyó que le estaba contando un chiste. Entre carcajada y carcajada, me pidió irónica que le vomitara uno, y fue ahí cuando me di cuenta de que por más esfuerzo que hiciera, no podía vomitar en público.
Y es coherente que eso me suceda, siempre he tenido un perfil bajo y he hecho cualquier cosa con tal de no llamar la atención. Ahora, además de ser casi imperceptible al mundo, vomito sapos. Qué le parece?
Pienso mucho, trato de registrar el momento de cada parición, si me permite llamarlo de esa manera, las circunstancias en que se daban, y que eran interrumpidas por la inminente arcada que anunciaba que uno de ellos iba a salir.
Por supuesto no he tenido las consideraciones amorosas que usted tuvo para con sus conejitos, le diría que yo casi los escupo y trato de que sea lo mas lejos posible de mi. Que asco me dan, caen muy orondos al piso sin darse por aludidos de mi desagrado. No debo aclararle que no me ocupo de su comida, no se me ocurre salir a cazar insectos para seguir engordando a estos horribles monstruos, que en realidad son una gran mentira, por que como verá, nadie me lo cree.

Comentarios

  1. Es que con los sapos que nos tenemos que tragar últimamente es una necesidad fisiológica que después logremos deshacernos de ellos!...de otra manera moriríamos intoxicados!

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Pobre sapo!
    Genial tú relato. Don julio debe sentirso muy orgulloso por tener a alguien como tu que le escriba cartas.
    Saludos desde Copenhague,

    Ian.

    ResponderEliminar
  3. ¡Plas! ¡plas! aplaudo
    tu maravilloso ingenio
    para describir maravillosamente
    como se escupen esos sapos
    que se llevan dentro
    y que nos revuelven las tripas.

    Un grandísimo abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Que pena no poder escupir esos sapos en público, no para llamar la atención si no para devolverselos a quien corresponda.
    Cariños Mag, genial como siempre.

    ResponderEliminar
  5. Si escupìs sapos te llaman "Politicamente incorrecto".

    A mi me pasa.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  6. Un sapo no es nada eh, trate de vomitar un ñu. Ahí va a ver.

    Muy bueno lo suyo.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  7. Empezaré a hacerlo con los que me vengo tragando. Un beso.

    Vamos por más días sin humo!!

    ResponderEliminar
  8. Pero no Magah! A los sapos hay que saber prepararlos y comérselos con gusto, sino te caen mal. Ya no da para el asadito o cosas sofisticadas. A acostumbrarse a comer sapo que pronto se vienen los sapos electorales...
    Es más, creo que zapping viene de comer sapos...:-)

    ResponderEliminar
  9. La educacion nos prohibe arrojar sapos en publico, pero pienso, que alguna vez hay que romper las reglas.

    ¿No sacabas sapos cuando discutias con tu ex?

    Besos

    ResponderEliminar
  10. Si tuviera ese contratiempo, preferiría los sapos porque los pelos de los conejos me daría picazón en la garganta y arcadas inevitables.

    ResponderEliminar
  11. Un lindo texto, Magah, vine "recomendado" y me quedo como seguidor.
    Te dejo un cariño, también desde Bs As.
    Humberto.

    ResponderEliminar
  12. Tremendamente injusto que sea tan raro escupir sapos y tan normal y cotidiano tragárnoslo.
    El Señor de la calle Suipacha sentó jurisprudencia y de la buena.

    Besos mil, MAGA-H-

    SIL

    ResponderEliminar
  13. La verdad es que vomitarlos no es simpático, pero es mucho mejor que tragar sapos.

    Don Julio era querendón con los conejitos, según cuenta en su carta, porque tenía la secreta esperanza de exportar su carne. Pero ese es otro tema.

    ResponderEliminar
  14. Sapos hasta en la sopa.
    No me guardo ninguno.

    Besos.

    ResponderEliminar
  15. Usted de educada no lo hace en público.

    Pero si no fuera por los sapos no sabríamos cuando viene la lluvia.

    Y tiene la emoción de hacerlo reír a Don Julio.

    Besos

    ResponderEliminar
  16. Qué bueno!!

    Al menos tu los vomitas,hay quien tiene dentro grandes charcas repletas de sapos.

    Besos

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Si no leíste, no comentes...

Entradas populares de este blog

SEXO POR METRO

No entraba aire por la ventana del cuarto, estaba abierta de par en par pero el ambiente estaba enviciado, como el mismo Buenos Aires en esos últimos días de diciembre, oscuro, pegajoso y malhumorado. Tratar de leer a la luz de la vela se convertía en una tarea harto difícil, sin embargo no podía abandonar la lectura, despatarrada en la cama y con la cabeza apoyada sobre una pila de almohadas que me aproximaban a la llama de la vela: “…Dejé que pasaran unos minutos y volví a asomarme por la ventana para espiarla. Adele ahora estaba dándome la espalda yse quitaba el vestido, lo levantó despaciodesde la falda y lo estiró por sobre su cabeza, la cual quedó tapada en el mismo momento en que se iban descubriendo sus nalgas redondas y rosadas, preciosas, ahí, al final de esa espalda eterna que se empequeñecía en extremo a la altura de la cintura. Tuve que hacer un esfuerzo por ahogar los suspiros que batallaban por salir de mi boca…” De repente me desperté sobresaltada por unos gemidos que ent…

CUALQUIERA DE NOSOTROS

Ultimamente suelo encontrarme tratando de hacer asociaciones entre cada palabra de los anónimos recibidos y personas de mi pasado. Trato de descubrir muletillas omodismos que lo revelen, pero cada posible asociación cae por su propio peso y me encuentro sin nada.

Como dijo D. ese  "Mañana me cuentas"a mí también me hace pensar en que el tipo no es de acá, pero resulta que su correo me parece bien argentino, yahoo.com.ar,y su nombre, A. I., podría ser de cualquier lado. Me pregunto si será hombre o mujer, y me he quedado pensando en el comentario de M: “¿Acaso no somos todos anónimos en la red?"Y si, lo somos, algunos del todo y otros a medias, lo que me lleva a concluir que el anónimo podríamos ser cualquiera de nosotros. Tras ese pensamiento y queriendo huir de él,agarré la bicicleta y me fui hasta el rio. Me iba a venir bien salir de casa y ventilarme un poco de mis ideas. El cuerpo se me helaba al ir llegando a la costa. Me cansé de pedalear, me tiré en el pasto y traté…

LOLA 3 a.m. Deducciones y Postre.

- 3 a.m.
En el preciso instante que Lola se incorpora de manera repentina en su cama, sobresaltada, Ulises se levanta cual resorte en su cucha.

Lola sale de entre las sabanas, se pone una camiseta larga, y va hasta la heladera, solo encuentra una manzana, la friega en su ropa y le da un primer mordisco. El jugo cae de entre sus comisuras.

Vuelve al cuarto, saca su notebook de abajo de la cama y la enciende. Ulises a su lado, sin quitarle la vista de encima.

- ¿Me querés decir Ulises por que carajo fingimos orgasmos?... Leo en Palabras Descalzas al respecto y lo que más me ha sorprendido no es que nosotras finjamos, ya que yo también lo he hecho, lo que me ha dejado de la nuca es que los tipos lo saben y que además ellos también fingen. ¿Cómo se llama esta película “Mentime que me gusta”?
El perro ladea la cabeza.
- Los que dicen saber que fingimos, dicen no saber por que lo hacemos o que prefieren eso a sentir que se cojen una bolsa de papas, o a pensar que tienen un frígida en la cama o l…