27/6/12

EL PAÑUELO ROJO

“Al ejercer mi propio y humilde esfuerzo creativo, pongo mi
 confianza en lo que aún ignoro y en lo que aún no he hecho”
-Max Weber-



Pedalee tan fuerte como pude. Me empezaron a picar las piernas, como si la sangre ya no entrara en ellas y quisiera rebalsarse.
 Llegué a casa y entré la bicicleta.
Tuve la sensación de que había andado escapando de alguien. Sentí la transpiración helada por debajo de la ropa y un gran cansancio. Me desplomé en una silla cerca de la ventana.
Sorpresivamente me di cuenta que no había logrado escapar y que tampoco había podido burlar al anónimo,  noté que caminaba directamente hacia donde yo me había sentado mientras que alguien nos miraba. Sus pasos sonaban livianos. Me dio miedo, hubiera queridos salirme del cuerpo y desaparecer, pero  a menos de unos  segundos de intentarlo, sentí un calor intenso sobre mi espalda aun helada. Una mano  suave y desconocida se movía despacio dibujando pequeños círculos que  fueron entibiándome la piel. Ya no quise moverme y  dejé mi cuerpo ahí, quieto, ablandándose de a poco y dejándose acariciar.  
Hubo un largo rato de silencio y caricias suaves  que no iban mucho más allá de mi espalda y  mis hombros. Por momento un par de yemas trepaban hasta  mi cuello pero parecían caerse como dando pequeños pasos de regreso. No quise ni pestañear para no romper el clima en que me encontraba y cuando me decidí a hacerlo me encontré con el  pañuelo rojo ajustado sobre  mis ojos.
Desde algún lugar alejado escuché otra vez aquella pregunta, las letras se iban deshilvanando de a poco mientras yo flotaba en el aire en los brazos ajustados de esa persona que no sabía quién era ni podía ver.  Alguien a lo lejos volvió a preguntarme  si quería seguir adelante y cuando iba a contestar sentí mis piernas rozando las sabanas frías y las palabras que se quedaron calladas dentro de mi boca.
De pronto como si me fuera deslizando despacio,  movida por una fuerza ajena a mí, fui percibiendo que el espacio se movía  a mí alrededor.  Recuerdo dos voces distintas, manos y  caricias por todo el cuerpo, olores conocidos y otros no tanto, el sabor del vino en mi boca y en mi cabeza, pieles diferentes, labios que no eran míos, voces que no decían nada y mi cuerpo en permanente movimiento en manos de otros. Sentí que me tomaban de la cintura, mi boca  rozando la tela áspera de la sabana y la dificultad para respirar. Un cuerpo extraño se apoyaba por detrás de mí. Y otra vez el vino que me giraba por el cuerpo.  
Una mano me tomó del abdomen y me elevó,  trataba de sostenerme, mientras que por detrás sentía que me empujaban e intentabas acomodar mis piernas pesadas.
Momentos después todo comenzó a lentificarse y las voces, las manos y los cuerpos se fueron alejando hasta que dejé de sentirlas. Se habían ido.  Ya no supe más de mí hasta despertarme con la luz del sol que me pegaba en la cara.
Sentí un ruido estrepitoso y al abrir los ojos vi la bicicleta que se había caído delante de mi silla, y cerca de ella, en el piso,  mi ropa humedecida por el sudor frio de esa tarde a la orilla del rio.

19/6/12

CUALQUIERA DE NOSOTROS



Ultimamente suelo encontrarme tratando de hacer asociaciones entre cada palabra de los anónimos recibidos y personas de mi pasado. Trato de descubrir muletillas o  modismos que lo revelen, pero cada posible asociación cae por su propio peso y me encuentro sin nada.

Como dijo D. ese  "Mañana me cuentas"  a mí también me hace pensar en que el tipo no es de acá, pero resulta que su correo me parece bien argentino,  yahoo.com.ar,  y su nombre, A. I.,  podría ser de cualquier lado.
Me pregunto si será hombre o mujer, y me he quedado pensando en el comentario de M: “¿Acaso no somos todos anónimos en la red?" Y si, lo somos, algunos del todo y otros a medias, lo que me lleva a concluir  que el anónimo podríamos ser cualquiera de nosotros.
Tras ese pensamiento y queriendo huir de él,  agarré la bicicleta y me fui hasta el rio. Me iba a venir bien salir de casa y ventilarme un poco de mis ideas.
El cuerpo se me helaba al ir llegando a la costa. Me cansé de pedalear, me tiré en el pasto y traté de concentrarme en el sol que me pegaba en la cara. Me encandiló y dejé de ver…

… y dejé de ver cuando ajustó fuerte el pañuelo rojo alrededor de mi cabeza, sobre mis ojos. Cuando pasó las yemas de sus dedos asegurándose de que ni siquiera entrara un solo haz de luz por debajo del pañuelo. Apreté los parpados cuando sentí que me  metió un dedo en la boca y luego lo sacó dejándomela  vacía. Dibujó un surco húmedo por mi cara y bajó por mi cuello hasta el escote.
 Y de pronto desapareció, tan silencioso que no pude rastrear la dirección de sus pasos. Segundos después y desde lejos, escuché que me preguntaba si aún quería continuar y una vez más le contesté que sí.
Extendí la mano y tantee sobre la mesa la copa de vino, con cuidado me la llevé a la boca y la vacíe. Escuché que volvió a servirme otra y la fui tomando despacio mientras esperaba. Estaba un poco asustada.
La única condición que había puesto para llevar adelante mi fantasía era no verle la cara al hombre que iba a venir para estar con nosotros. Le había dicho que eso era lo que quería, estar con dos hombres y él, como siempre, cumplía lo que  le pedía.
Cuando escuché el timbre apreté los puños, en el mismo momento comencé a sentir  que se me aceleraba el corazón y tras el golpe de la puerta que se cerraba, escuché  los pasos anónimos que se acercaban a donde yo estaba… 


La brisa que el viento traía del rio me despertó. Sentí mi cuerpo entumecido, abrí los ojos y otra vez me vi encandilada por el sol. Me levanté rápido,  me sacudí el pasto y  volvía a subirme en la bicicleta para alejarme de allí lo más rápido posible.

13/6/12

RATONERA - Sexo Blogger III -



Supongo que habrá sido por alguna denuncia sobre el contenido de mi blog por lo cual  le pusieron ese cartel de advertencia de contenido luego de la última entrada, la del consolador. La verdad es que no se siente ni bien ni mal, y hasta me parece que así escribo más tranquila y en mayor intimidad.
El tipo de los comentarios anónimos  volvió a aparecer, sigue pendiente de lo que hago y digo, y no sólo ha dejado comentarios en el blog, sino que también ahora lo hace  a través del correo electrónico.
Me provoca,  saberlo atento me mantiene excitada. Me imagino muchas posibilidades de quienes podrían estar detrás de esto. Gente conocida, algún que otro ex,  pero creo que la posibilidad mayor es que  sea un desconocido que simplemente está jugando y viene adivinando a partir de largar generalidades que nos caben a más de una.
Esta última es la opción que más me atrae, la que realmente me permite ponerme a jugar y volver a atreverme. Ya se me ha ido el susto de saber que alguien merodea.
  En mi fantasía puedo imaginarlo como una sombra que no se devela, tal vez es un ser poco valiente que anda por ahí y mira sin querer ser mirado. Que anda sin ser percibido y pide, casi que ordena de esa manera que hace que todo se me haga agua entre la boca y las piernas. De esa misma manera que han confesado algunas amigas que les pasa cuando les cuento lo que me está sucediendo.
El primer correo que mandó decía en el asunto: “Esta noche para dormir vuelve a ponerte la remera negra” al abrir el correo leo: “Mañana me cuentas”. Hice lo que me pidió, pero no se le conté, no quiero que se masturbe leyendo mi correo, en todo caso prefiero que lo haga delante mío… me lo puedo imaginar…su figura desdibujada  entre la nebulosa de las sombras en mi cuarto, sentado en una silla y mirándome mientras me ato el pelo y  me suspiran las tetas…lo miro…me…
… acaba de entrar un nuevo correo…dice en el asunto: “ Humm la hacía más aventurera”  abro y adentro nada.
Esa cuestión de hacerse desear…a las mujeres nos mantiene en vilo…quien sabe manejar eso, nos tiene.

5/6/12

SEXO BLOGGER II


"El que escribe no sabe"





El domingo a la noche estaba escribiendo como suelo hacerlo habitualmente. De pronto vi que entraba un comentario anónimo en una de las últimas entrada del blog,  esa que había generado algunas controversias y que  trataba sobre  la explicación de lo que hace que una mujer pueda ser una puta.  El comentario me provocó un cierto escozor:
“Sé cómo te escurrís entre los dedos, con esa crueldad que te es tan propia”
A los pocos minutos volvió a entrar otro comentario:
“…admiro esta facultad de huir que sólo se concede a los seres que no conocen el obstáculo de los juicios de valor.”
Era una copia literal de una de las oraciones del texto publicado hacía ya varios días.
El tipo estaba ahí ya que en el preciso momento en que yo leía su comentario aparecía otro detrás.
Se me escapó una sonrisa  y me sume, divertida y desafiante,  al juego que el desconocido estaba planteando.
-Adrenalina-dije.
Y contesté:
“Admiro al hombre que se atreve a dejar de existir ante la mujer que se va sin más que por su propio placer.”
Me quedé atenta mirando el monitor a la espera de una respuesta. Se hizo esperar, y yo  esperé, ya que justamente eso me provocaba al placer, saber que si puedo desaparecerme es porque alguien se va a quedar ahí tan sorprendido por mi ausencia como estuvo encantado por mi presencia.
La sangre se me aceleraba y me fui poniendo tensa,  como si el tipo hurgara con sus manos entre mis piernas.
“Quiero que no te guardes nada y que seas bien puta. Vos sabés como hacerlo” comentó.
Me volvió a sorprender, no  esperaba que escribiera eso, o por lo menos no tan rápido y mucho menos en el blog. De cualquier manera pensé que no era nada original y que no hacía más que mostrarse como un espécimen típico de su especie, un pajero cibernético,  y que estaba muy bien, ya que yo no era ni más ni menos que él.
“Me gusta cómo te queda esa remera negra. También me gusta tu pelo  atado con ese lazo rojo. Si no te molesta, me encantaría que te  saques  la ropa y que dejes caer el pelo sobre la espalda desnuda  Escribió en el próximo comentario sin esperar a que yo conteste el anterior.
Me miré, tenía la  remera  negra que me había puesto para estar  cómoda mientras escribía y efectivamente me había atado el pelo con un pañuelo rojo. Quedé perpleja y   la sonrisa se me desdibujo tan rápido, como tan rápido perdí la valentía para seguirle el juego. Lleve la mirada hacia el ventanal, no iba a ser la primera vez que alguien me estuviera espiando, pero estaba cerrado y nada se podía ver de afuera hacia adentro ni tampoco de adentro hacia afuera. Giré la vista  en torno de la habitación. No había nadie más que yo.
Sentí  miedo. Cerré el blog y me quedé quieta,  luego apagué la notebook.
Me puse de pie y me alejé suponiendo que era la mejor manera de ahuyentar cualquier pensamiento y de alentarme a la tranquilidad  diciéndome   que todo lo sucedido no era más que producto de mi imaginación y que estaba cansada por las exigencias laborales de los últimos días.
Fui a la cocina, estaba ansiosa, nada me tentó dentro de la heladera,  apague la luz y salí.
Me fui al cuarto, corroboré que la ventana estuviera bien cerrada. Miré el reloj de la mesa de luz y me convencí de que lo mejor era acostarme a dormir. Me saqué la remera negra y  la arrojé en el canasto de la ropa sucia en el lavadero, no quise tenerla cerca.
Volví al cuarto y seguí desvistiéndome.
¿Quién habrá sido?...¿Cómo supo de mi remera?...me puse de pie y desprendí despacio los botones del jean…¿Cómo supo el color de mi lazo y que me había atado el pelo?...calcé los pulgares en los pasa cintos de las caderas y con esfuerzo  fui tironeando para sacármelos …llegué a las rodillas con los pantalones, volví a sentarme en la cama para tironear de las botamangas…me quité el lazo rojo y sentí el  roce suave de mi pelo sobre mi espalda.
Sugestionada por el recuerdo de alguna película de terror en la cual el hueco que queda bajo la cama es el escondite preferido de cualquier psicópata, me agaché para asegurarme que  no hubiera  nadie.  Me temblaban las piernas, me noté sudorosa y con la respiración jadeante.
Luego de corroborar mi soledad y mi leve excitación,   me tiré boca arriba en la cama, extendí el brazo izquierdo, abrí la puerta de la mesa de luz, saqué una caja, la puse a un lado de mi cuerpo, saqué un consolador y sin más que algún que otro pensamiento que me ayudaron a remontarme definitivamente, comencé a tocarme y a escurrirme sin ninguna necesidad amorosa, con el sabor agridulce de la perversión y fui la más puta de todas las mujeres.
Luego de desmayarme de placer me dormí.
Ya con el amanecer queriendo entrar al cuarto y aun entrelazada en la borrachera del sueño, me levante y caminé hasta la cocina para prepararme  un café.
Encendí la notebook.
Como a cuentagotas se me fueron apareciendo los recuerdos de la noche anterior. Releí  el final del texto en el que había estado trabajando: “…comencé a tocarme y a escurrirme sin ninguna necesidad amorosa, con el sabor agridulce de la perversión y fui la más puta de todas las mujeres.”
Me gustó.
Seleccioné, copié, entré al blog, pegué en la plantilla de entradas nuevas y oprimí sobre el icono de publicar.
Me recosté en el respaldo de mi silla y de un sorbo acabé el café.

1/6/12

DIBUJITOS


Pawła Kuczyńskiego










Cuando los ilustradores son buenos lo que hacen es dejarte sin palabras.

Y nos joden...